¿Intuición?

 
 
Me despierto por la mañana. Y me pongo a trabajar en silencio... pero algo me para en una de las hojas de informes.
 
Necesito a Hans Zimmer.
 
De hecho, concretamente "The Last Samurai". Así que pongo la canción. Y al acabar el informe me invade una sensación inequívoca: revisa, hay algo incorrecto.
 
Me froto los ojos y me contesto mentalmente: "sí, ya... O ya estamos como siempre". Le voy a dar a enviar, pero antes hago una revisión aleatoria.
Hay algo mal.
Y dale, ¿sabes qué? Mira como lo mando..
¿Y lo que está mal?
Le digo a mi yo interior que si siento las cosas así, las cosas serán así. Me ha pasado más veces. Reviso de nuevo el informe, es perfecto.
Hay algo mal.
Vaaaleee… tengo derecho a que lo haya.
A eso mi yo interior no contesta.
Lo mando.
"Viva la vida loca" pienso.
 
Al acabar de borrar correos veo uno que me deja perpleja. "Buen trabajo... Muso".
Pero... pero yo ayer escribí al Muso por la mañana. ¿Qué hace trabajando de tarde?
 
Escena retrospectiva:
"Voy a darle al Muso los buenos días. Porque ahora estará conectado"
Claro.
Le abro al Muso y le saludo. Charlamos un pequeño rato y luego no está. Al ver que no está, le digo a mi yo interior: "¿está trabajando? ¿está ocupado? ¿está haciendo esta otra cosa?"
Mi yo interior no contesta.
El correo de las seis de la tarde permite deducir que cuando yo le abrí no estaba en su horario laboral (abrir= abrir un Messenger).
Lo raro del asunto no es que se haya conectado fuera de hora, lo raro del asunto es que igual que había algo mal en el informe, sabía que él estaba conectado.
 
Volvamos al presente.
 


Me levanto y voy a la cocina a por un café. Meto un vaso transparente en el micro mientras llegan los acordes de Hans Zimmer desde el salón. Algo hay hoy en esos violines.
El agua hierve, abro el micro, y miro el vaso.
"El café de máquina es mejor porque tiene más fuerza esa máquina al llevar a la ebullición el agua. ¿Por qué no echo el café y vuelvo a darle al botón de calentar?".
 
Mi yo interior (sin palabras) y por eso viene la entrada, porque me he dado cuenta de todas estas cosas a raíz de lo que ha pasado con el café.... dice algo que traducido a lenguaje humano sería: "la gente no hace el café echando el polvo en el agua y luego metiéndolo en el micro".
 
A lo que yo contesto con un pensamiento consciente: "Bueno, si no pruebo... Voy a probar".
 
Echo los polvos en el agua caliente. Meto el vaso en el micro. Le doy a calentar. Y le doy la espalda un momento. Cuando vuelvo a girarme... jajajaj! veo un geiser de café y agua... burbujeando hacia arriba. Abro el micro a la velocidad del rayo.
 
"¿No se ha derramado?" "¡Mira qué suerte tengo!"
 
Pronto me doy cuenta del error. El suelo del micro es todo un mar de café. Lo contemplo perpleja. Y me doy cuenta de que esa perplejidad entre "yo" y "mi yo interior" es la mar de graciosa, y pasa a menudo. ¡Jajaja! Vuelvo a sentarme frente al ordenador.

Un compañero me abre un Messenger:
 
"Nelly, revisa el apartado de datos XY. Me parece que hay algo mal".
 
JAJAJAJA!
 
Lo sabía, lo sabía. ¡¡Cuidado con lo que pensáis!!
Mucho cuidado!
 
Así que tras darme cuenta de todo esto... me he dicho, "¿por qué no indago a ver qué más cosas dice o no dice ese "yo interior" sin palabras?"
 
La mayoría de las veces ni me entero de lo que dice. Sí me entero de lo que yo pienso, que en ocasiones es lo que le respondo. Pero ese yo interior habla en sensaciones.
 
Una vez salí a la calle con afán científico y me dije: "Vale, pues venga, vamos a dar un paseo y sólo voy a comprar lotería donde me vaya a tocar". Compré en un puesto, me tocó el reintegro. Me reí. Seguí andando, hasta que sentí lo mismo. Compré en ese puesto. Tocó el reintegro. Oh, venga ya. Seguí caminado, hasta que sentí lo mismo. Compré lotería y me tocó el reintegro.
"Basta" ahí lo dejé.
Estas cosas no tienen gracia cuando surge la posibilidad de que sean ciertas.
 
A más gente le pasa. Levantar el teléfono justo cuando suena. Soñar con alguien y lo ves al día siguiente. En ocasiones es terriblemente útil (cruces sin visibilidad). Pero, si os soy sincera, no tengo ni puñetera idea de cómo funciona.
 
A veces pasa sin querer. Como cuando empecé a tararear una canción y el que estaba a mi lado (estábamos los dos en silencio) me miró y me dijo: "¡Jobar, la tenía justo en la cabeza! ¡Menuda casualidad!". O lo del compi aquel al que le dije: "¡Venga, dime el dni, 478..!" y el compi se quedó de piedra. "¿Te lo había dicho ya?" No... ¡jajaj! Pues empieza por esos números! ¿Quién eres, compañera? (el chico estaba entusiasmado) ¡jajaja! Realmente entusiasmado.
 
Otras veces lo puedes usar con técnicas deductivas.
 
Un cliente me dijo una vez que estaba comprando algo. Yo miré su edad. Miré lo que ya tenía. Y pregunté a mi yo interior.
 
-No me lo diga -dije-, compra usted una XXX modelo XXX.
 
La reacción fue maravillosa.
 
-Se... señorita -dijo el cliente-, ¿está usted aquí?
 
JAJAJAJAJ! JAJAJA! NO!!
 
-Pero ¿cómo lo sabe?
 
Porque lo sé.
 
Es divertido. Aunque no sirva para evitar que el café se convierta en un geiser...
 
Bien, pues todo esto que os he contado, el Muso lo maneja mejor que yo. Lo maneja como si fuera darle a un interruptor, sin miedo. Y no se lía con los mensajes de su mente. Sabe lo que le dice esta en cada momento. O, al menos, eso creo yo.
 
Mirad, cuando era más joven, una vez en casa de unos amigos, también lo usé. Éramos muchos, y algunos eran nuevos, y del mismo modo que la primera frase que le dije a una amiga era el nombre de su madre (fallecida, en eso no vamos a entrar), con este otro chico también lo usé, y le dije: "has nacido en noviembre, tú eres escorpio". No creo en los signos del zodiaco, me dan igual. Era por sus ojos. Busqué lo común con otra persona que conocía. El chico me miró... con una cara extraña y luego ya no quería acercarse a mí. Me dijo que yo era adivina, por lo menos. Bueno, tenía una probabilidad entre doce de acertar, ¿no?
Claro que en otra ocasión lo usé también con un número del uno al cien para llevarme unas entradas...
De pequeña usaba esto más.
 
Repito, no pasa siempre.
No sé cómo funciona. Y estoy absolutamente segura de que lo tiene todo el mundo. Llámalo conexión, llámalo intuición, llámalo octavo sentido adicional, jajaja. Seguro, seguro, que tiene explicación científica.
 
A ver, ¿alguien en la sala que pueda explicarlo?
SALUDOS!!


El soldado y la campesina


Hace muchos años, a las afueras de un pueblo francés, vivió una pobre campesina. Era muy hermosa, con el cabello dorado como el campo de trigo que cultivaba. Tenía los ojos grises y un cuerpo esbelto y fino como las espigas antes del otoño. Era muy alegre y vivía en casa con sus padres, dos queridos vecinos de edad avanzada.
Ocurrió que en un año bisiesto, la campesina se enamoró de un muchacho. Era alto y fuerte, muy humilde, conocido por la familia pues desde joven trabajaba con el carpintero del pueblo. 
Y sin querer ninguno de los dos-o más bien sin esperarlo- ocurrió que se enamoraron. Fue justo un año antes de que estallara una gran guerra, y lo sé porque esta historia me la contó otro soldado que le conoció en el frente.
El aprendiz del carpintero tuvo que ir a luchar y la campesina se quedó esperando, afligida, temiendo que jamás regresara del frente.
Tan desesperada estaba por el temor de no volver a verlo que empezó a desatender sus tareas. Iba a por agua al pozo, y no la traía porque pensaba en el muchacho. Se acercaba al corral a por los huevos y se le caían dos porque pensaba en el muchacho. Bajaba al mercado los viernes y se le olvidaba lo que debía comprar porque... efectivamente, pensaba en el muchacho.
Fue en una de estas ocasiones en las que se encontró con una mendiga que pedía recostada en las escaleras de la iglesia.
-Una ayuda, por favor...
-Toma -le dijo alargando el brazo-, no tengo mucho pero puedo compartir este trozo de pan contigo y darte esta chaqueta de lana, aunque está un poco vieja.
-¡Que Dios te bendiga, niña! Yo también te voy a hacer un regalo.
-No hay nada que me puedas dar, que yo desee...
-¿Segura?
-Sí.  
La mendiga buscó entre los pliegues de su falda andrajosa y le entregó un puzle que parecía estar hecho de oro.
-Esto es para ti -le dijo.
 Era una clave de sol, con una nota corchea atrapada en el medio.
-Cuando eches mucho de menos a ese soldado que añoras, trata de deshacer el puzle. Y así no pensarás en él. Para cuando lo logres te doy mi palabra de que todo habrá pasado...
La campesina se sorprendió de aquellas palabras, y miró a la anciana con desconcierto. Y es que esa mendiga, como seguro habréis podido deducir, no era una simple pedigüeña. Era una bruja, de las que saben cosas. 
La campesina regresó a su casa con el puzle oculto debajo de la compra que había hecho. Lo escondió bajo el colchón. A salvo de miradas ajenas.
"Qué tontería" se dijo, "ni que el puzle fuera a aliviar mi tristeza".
Las semanas siguientes llegaron noticias terribles del frente.
Cada vez que ella pensaba en el soldado, corría a su habitación e intentaba liberar la nota corchea que irremediablemente se había quedado atrapada en la clave de sol.
Y así días, y días y días...
La primavera duró lo que tarda en llegar el verano, y este a su vez lo que falta hasta un otoño seco que dio paso a un invierno frío y monótono.
Pasó dos veces el tiempo de la cosecha y un buen día la madre de la campesina le dijo:
-Si fuera a volver, ya habría regresado...
La guerra había acabado. Los soldados volvieron del frente. Y la campesina seguía sin saber nada del soldado. Atribulada, se encerró en sus pensamientos y apenas sonreía.
No fue sino hasta el siguiente año bisiesto que logró por fin desvelar el misterio del puzle.
Ojalá os pudiera decir cómo lo hizo pero la verdad es que sigue siendo un acertijo insondable para mí. Tengo ahora mismo en la mano y os prometo que jamás he visto algo más complicado. 
Pero un día, a pesar de ser muy parecido al anterior, descubrió el modo de liberar la nota corchea.
-¡Lo conseguí! -se dijo.
Ese día no olvidó nada de su lista de la compra, tampoco se le cayó ningún huevo cuando volvía del corral... atendió debidamente todas sus tareas, con una extraña melodía resonando en sus oídos.
Era una canción triste, que nadie más podía escuchar.
-¿Seguro que no la oyes? -preguntó a su madre.
-Cariño, no sé de qué estas hablando.
-¿Tampoco tú, padre?
-Yo no escucho nada... ¡más que quejas y lamentos!
-Qué extraño...
La canción no se iba de su cabeza. Todos los días la escuchaba.
El siguiente viernes enfiló el camino de la iglesia pensativa y cabizbaja, hasta que sus ojos tropezaron con al falda andrajosa y los pies descalzos de la extraña mendiga. 
-¡He resuelto el puzle!
-Me alegro mucho por ti. A qué viene esa cara entonces, ¿no estás contenta?
-Es que noto... como si me faltara algo.
-Entiendo...
La campesina se quedó callada.
-¿Qué te ocurre ahora?
-¿No escuchas una extraña melodía?
-No -aseguró la otra poniendo una mano detrás de su oreja izquierda-, yo no oigo nada.
-Qué raro. Es como una canción triste.
-Serán imaginaciones tuyas.
-Puede ser.
Se despidieron. Sin embargo, la canción no desapareció ese día, ni al siguiente, ni al siguiente. Y nadie más la podía oír. Una noche, la campesina soñó que caminaba distraída rumbo al pueblo, cuando esa melodía llegó hasta sus oídos. Corrió hacia la fuente y descubrió que era un músico ambulante que tocaba una flauta a un lado del camino. Llevaba un uniforme deshilachado y viejas botas de soldado llenas de barro.
-¡Buenos días! ¿Qué es eso que tocas? -le preguntó la campesina.
Pero el músico no dijo nada.
-¡Ah, ya sé!
Se acordó de repente del soldado, y de todo lo que sentía por él. En ese instante se despertó, sobresaltada. Aún no había salido el sol pero echó a correr hacia el mercado. Llegó al camino de la iglesia y buscó a la mendiga en las escaleras de fría piedra.
-Toma, te devuelvo el puzle. Ya no quiero liberar a la nota corchea, quiero que todo vuelva a ser como antes.
-¿Estas segura? 
 -Sí.
-¿No te acuerdas de lo triste que estabas?
-Sé que estaba triste pero es que yo le quiero mucho.
-Que dejes la nota atrapada no significa que él vaya a volver. La guerra hace mucho que ha terminado.
-No me importa.
-¿Tanto le amas?
-Más aún de lo que imaginas.
Y lo que imaginaba la mendiga, podéis creerme, era mucho.
-De acuerdo, vuelve a poner la nota dentro de la clave de sol.
Así lo hizo la campesina y la mendiga, conmovida por todo el amor que sentía y la devoción hacia el soldado, le dijo antes de despedirse estas palabras:
-Deja bajo la almohada el puzle esta noche. Y si de verdad lo quieres, todo volverá a ser como antes.
Regresó corriendo, ¡qué digo corriendo!, volando a su casa y esperó a que pasar el día impaciente, para poder dormir con la clave de sol bajo la almohada.
Al día siguiente, la despertaron los gritos de su madre.
-¡Levántate, deprisa! ¡No vas a creer quién está en la puerta!
Al acercarse al umbral de la casa descubrió con estupor al soldado desaparecido.
Estaba un poco más viejo, más delgado y tenía más canas pero sin duda era él. Lo abrazó y lo cubrió de besos.
La música de su cabeza dejó de ser una melodía triste para dar paso a una canción alegre llena de felicidad. Pero desde ese momento... no pudo oír nada más.
No escuchaba la voz de sus padres. Tampoco lo que le dijo el soldado.
La campesina se había quedado sorda de repente. Pero no le importó. Pasó el resto de su vida junto al soldado, entendiéndose con todo el mundo a través de señas. La que primera aprendió a decir fue "te quiero". Luego "te extraño" y luego, "pásame la sal" pues el soldado siempre se olvidaba de echar el condimento a los guisos que hacía.
Nunca más se volvió a ver en el pueblo a la anciana.
Y tras muchos años, el soldado metió el puzle en una caja y se lo hizo llegar a un compañero del frente que pasaba un apuro y necesitaba un milagro.
Este, a su vez, al morir, me lo dejó a mí. 
Y yo os he contado esta historia para que no se olvide, pues nunca se sabe a qué manos llegará en el futuro la nota dorada encerrada en la clave de sol. 

FIN.

 

Redes.

cc-creative commons (clic a una de las fuentes




He convertido la cocina en un despacho.
¿¿???
La mesa en la que como está ocupada por el ordenador de teletrabajo. Tengo un cuarto que hace las funciones de despacho pero lleva un tiempo sin usar, y da la casualidad de que mi ordenador de teletrabajo necesita conectarse por cable. Lo que me obliga a tenerlo a una prudente distancia del router, en el salón.

Eso ha convertido mi mesa de comedor en mesa de trabajo. Pero extrañamente, en lugar de irme al cuarto azul con el neetbok, ayer o anteayer lo puse a cargar en la estrecha barra que puse "para comer" en la cocina. Tengo encimera de piedra, soy muy clásica. Pues resulta que la estrecha barra es perfecta para el neetbook. Y por la ventana entra luz a raudales.

Así que ahora escribo desde la cocina. 

No leo en el sofá, porque prefiero sentarme en el suelo del cuarto naranja.

A este paso... acabaré durmiendo en la terraza (que no es tal, sino más bien... un sitio en el que tengo plantas). 

Nada más despertarme, miro el móvil donde vienen un montón de noticias. Leo un artículo sobre recomendaciones de la OMS, y doy por casualidad con una noticia sobre algo que se publica en el BOE. De ahí salto a otra que dice: "errores que cometes al vivir en cuarentena".

Lo abro. Constato que no cometo ninguno de ellos. De hecho, cumplo todas las cosas.

No veas demasiado la tele y las noticias. 
(Casi no la veo nada. Veo pelís)
No hables todo el rato de la enfermedad
(No lo hago, no lo soportaría)
Sé creativo.
(¡jajaja!) Sin comentarios, la niña escribe libros.
Mantén una higiene personal.
(Hombre, qué menos)
Lávate los dientes
(¿Es que acaso se puede vivir sin lavárselos...?  ¿no molesta la suciedad?)
Sé positivo.
(¿¿??)
Mantente en contacto.
(Si te contara...)

Nada, este artículo no es para mí. Según el autor yo podría ser monja o astronauta. Jajaja! Abro de nuevo Twitter y veo un comentario de un ... desconocido amigo catalán. Contestó y el corrector del móvil añade la tilde a su nombre: José. 
Sé cómo va a asentarle eso.
Me responde en catalán.
Me río.
"Hombre, tan de mañana me vas a obligar a aprender idiomas..." 
Quince minutos después le estoy contactando por whasap: "¿Te has enfadado?". Mientras lo hago, me doy cuenta de que tengo un problema recurrente con los enfados de los demás. El desconocido amigo se echa a reír. "No, qué va..."
Nunca una tilde había provocado tanto desconcierto.
Me llega un mensaje de mi buen amigo Davidel. Manda una canción con música 8D. Le contesto que ya conocía el 8D. Me propone participar en una conferencia en la que quiere abordar temas de budismo, entre ellos el karma.
Casi de inmediato pienso en el muso y no sé cómo explicarle a Davidel que ese tema en cuestión me trae de cabeza y sinceramente no soy adecuada para hablarle de ello a los demás. Es como poner a un analfabeto a dar una clase de matemáticas. Es poco probable que pueda aportar algo de luz sobre el asunto. Me responde que se nota que soy Leo. No creo que mi signo zodiacal tenga que ver con el hecho de ser una cabezota testaruda. Además, ¿a los Leo no les gusta brillar y que todo el mundo les haga caso? ... Ah, no, espera, con eso sí que encajo jajajaj...

Escribo al actor. Soy la mujer más pesada.... del Universo.

Con 8D sonando en los cascos (Somebody I used to know) abro el correo y reviso de nuevo la convocatoria del taller on line. El relato se titula: Escapar. Pero el problema no es ese, el problema es el programa de marras. Ayer me conecté al Zoom con un éxito que me sorprendió bastante. Pero hoy por la mañana el servidor no lograba conectar con la sala. Además, yo no tengo un buen micrófono. ¿Y quiero escribir de "escapar"? 
La música va saltando...
(Coldplay-Viva la vida)

Escapar-¿en el espacio?

Lo que no quiero es conectarme a Zoom.

¡¡Lo tengo!!

Tengo que hablar con Adri... yo no voy a leer ese relato pero al o mejor le convenzo para que lo lea él.. jejejeje...
^_^

Claro que Adri no se caracteriza por aceptar mis retiradas jajaja...




Destino Oculto (editada de nuevo)

"Si se te va internet somos nosotros..." 
Jajajaj!!
Ya sé por qué no vi esta peli antes. Es que no era el momento. Es preciosa. 


La estoy viendo todavía. Se supone que hay un árbol de decisiones... Y que ciertas criaturas notan por donde vamos a ir... 

Y tenemos un ser humano muy enamorado jajajja!

Pero vamos, la idea es que... Aunque predicho, todo puede cambiar a cada ¿momento?

Jajajaj! Me siento totalmente identificada con Mat Damon en esta pelí...

Arrea... Ahora se ha ido la televisión. El señor Thompson estaba diciendo que el ser humano no tiene libre albedrío, sino apariencia de libre albedrío. Hablaba de las catástrofes del hombre mientras yo zampaba patatas toda interesada y cuando va y dice "no podéis decidir" va la tele y se reinicia sola...

Jajaja!

Comentario tras ver el final: ¿¿Qué?? ¿Que dice que el libre albedrío... Qué???
Mandeee???? Jajajaj!!
Ojiplática me he quedado.
No sé qué pensar de esta película. Creo que el final flojea.. Pero bueno, ha sido interesante de ver. 

En el que la entrada se borra sola...


Tenía una bonita entrada de personajes, porque llevo dándole vueltas a personajes desde que me he levantado, sobre mostrar sin juzgar. Y cuando he llegado a esa fantástica conclusión, orbitando mentalmente sobre Magical Girl y el comisario Javert, me he sentado a escribir y en el segundo párrafo todo se ha quedado congelado.

"Vale, ya empezamos....", miro por la ventana, hace un día precioso, "si es porque no hay que escribir la entrada.. pues no la escribo", pienso. El ordenador se reinicia.. solo. Chis pum! Sin más. 

"Tócate los pies" pienso. La frase en "nelly-liano" significa: hay que... 

Me levanto y me pongo a hacer gimnasia. Cardio, zumba... ayer hice boxeo en el salón. ^_^ 

Media hora más tarde regreso ante el ordenador. Parece mirarme con la misma perplejidad con la que yo lo miro a él. Esta bien, no escribo esa entrada. Me siento. La novela del Muso está a mi derecha.

Tengo ante mí la imagen del escritorio que es... Mi yo interior me dice que os diga que es "kepler" pero no tengo la menor idea de qué es kepler... así que lo voy a buscar...

(tecleo en Google)

¿??? Pues muy bien, Kepler es un científico... ¡Jajajaj!. Me dice mi "yo interior" que busque Kepler 8. ¿¿??

Pues muy bien, jajaja! Kepler 8 es una estrella.

¡jajaja! En fin... (me encojo de hombros)

Pero siento contradecir a mi yo interior, "Kepler 8" no es la imagen de mi escritorio. La imagen de mi escritorio es esta:


Son planetas rodeando el sol. No sé porqué, me gusta mucho. Debe de ser por la representación del agua. Teniendo en cuenta que cambio de foto de whasap cada doce horas, es curioso que mi fondo de escritorio sea ese, durante años y años y años y a....

¡Feliz sábado! 

En el que explico un poco lo que sé que pasa...


Una de mis manías es no dejar nunca ropa tendida cuando me voy a dormir o cuando salgo de casa. Al llegar a este edificio, perdí varias prendas. Tarde un tiempo en aprender que aquí sopla mucho el viento. Da igual que en la calle no sople, la orientación de mi piso hace que lo que a nivel de calle es una brisa, aquí arriba sea un vendaval.

A mí no me importa, veo pasar las nubes. 

Pero, claro, con la ropa es otra historia. 

Así que, además de afianzar las cosas con mil pinzas, tengo la manía de no dejar ropa desatendida largos periodos de tiempo. Esto implica que a veces la recojo medio mojada. 

Pues bien, ayer, sobre las diez y media de la noche, me dije: "¡Ay va! La ropa..." Y me asomé a la ventana. "Hum, aún está un poco húmeda". El día no podía haber sido más espléndido. Titubeé unos instantes y al final me dije: "Bah, déjala. ¿Qué tiempo piensas que va a hacer mañana? Hoy es un día de sol, y no hay nada de viento, mañana será un día de sol igual que hoy, las pruebas científicas apuntan en ese sentido. Así que deja la ropa ahí que el tiempo mañana será como el de hoy".

Esto, aunque no lo creáis, es un triunfo.

Veo una pelí, chateo con amigos. A las dos de la mañana, ataque de risa. De verdad, con estos dos no se puede... 
Me duermo.

Me despierto. Me despierto inquieta, todo hay que decirlo, no sé con quién me estaba peleando en el sueño, y no recuerdo... no recuerdo lo que dijo, pero es un sueño interesante, aunque se me escapa. Me estaba peleando a manotazos y patadas. ¡Jajaja! Vaya despertar...

Miro el móvil. Alzo las cejas con incredulidad.
Veo una nubecita muy cuqui con gotas que caen, en la pantalla.

"La ropa", pienso.

Me levanto como el rayo.
Levanto la persiana.

Llueve.

¡jajajaja! ¡Jobarrrr!
Corre a la ventana, saco la mano: "Usa la lógica deductiva para saber cuánto lleva lloviendo". Meto un calcetín.. Miro a mi vecino. Sí, el también ha dejado la ropa tendida. Suspiro. Qué estupidez. El vecino deja la ropa ahí semanas y no parece que se caiga el mundo. He visto sábanas suyas completamente enrolladas a las cuerdas.. Mira, ¿sabes qué? Vuelvo a dejar el calcetín donde estaba.

"Ahora tiendo con lluvia" jajajaj. Esto sí que no lo esperaba. ¿Qué has hecho hoy? Colgar calcetines bajo la lluvia... jajajaj! Vale, Alicia, ve a tomar el té con el Sombrerero Loco...

Me preparo el desayuno. Así que "nada va a cambiar" me digo metiendo la taza en el micro-ondas; "mañana será un día como hoy, la ciencia lo avala" jajaja! jajajaj 
Estas cosas intento explicarle yo al Muso, le digo que hay algo -como el ruido de fondo del universo-, super irónico. Yo sé que él lo sabe. Yo sé que él sabe muchas cosas. Y sé que sabe de lo que hablo aunque le parece tan normal...

Antes de conocerlo, este incidente de la ropa habría propiciado que pasara los siguientes veinte años recogiendo la ropa antes de ir a dormir. Pero tanta casualidad (ejemplo, el día aquel que pensé: "oh, por favor, cálmate, nadie va a darte con el coche" y tal cuál pensé eso, el de atrás (que llevaba el coche todo abollado) de manera inexplicable me golpeo levemente cuando yo estaba parada en el semáforo...  Ahí me cabreé con el universo. Mucho. Vamos, es que si lo diseñan a posta no ocurre con tal exactitud. Es como si piensas: "Oh, vamos, para qué necesito yo un paraguas", y al salir a la calle te tiran un cubo de agua encima. 

Pero luego pensé... que si no es casualidad, merecía ser analizado con perspectiva científica. En serio. Y visto así, creo que son pequeñas enseñanzas. La enseñanza no es que todas mis (ah..., el sueño iba de esto) clasificaciones sean correctas. No se trata de meter en una caja de "peligro, de noche el tiempo cambia" los actos cotidianos para ser la tía más previsora y menos flexible del universo. No se trata de no conducir. Con ese golpe, justo el día que yo le decía a mi yo interior que "no iba a pasar nada y que no había que ir asustada" el universo no me intentaba molestar. Me intentaba decir que si pasa y que no importa. Supongo, no lo sé.

Se trata de aprender a dejar la ropa bajo la lluvia. 

¡jajaja!

Y para que lo sepáis, está cayendo agua nieve y yo sigo sin tener muy clara esta lección.

BUEN DÍA !!!  



Cuarentena


-Perdona, ¿tenéis Destino Oculto?

El bibliotecario me mira, luego consulta en su base de datos y contesta: no.

Esto fue hace un par de meses. La echaban en la tele y me quedé a la mitad. Me dio tanta pena que la busqué en la biblioteca, pero no la tenían. 

Bien, hoy me he levantado y me he puesto a leer. La casa no podía tener más luz. Entra por las tres habitaciones por la mañana, y por la tarde, en el salón. Es una casa pequeña. Pero, ¿quién necesita más? 

Por la tarde, todo está tranquilo en la oficina virtual. Escucho a Hans Zimmer, de ahí, paso a GMinor-Piano, Bach). No puedo con esa canción... me arrastra de una manera...

Escuchando la banda sonora de avatar y tras regar y cuidar las plantas, me miro en el espejo y pienso que todo es absolutamente perfecto y me siento la mar de feliz. Sí, en mi isla.

Debato con mis amigos sobre filosofía, leyes, cine, música. Leo libros por la mañana. No tengo que conducir. La casa está más limpia y recogida que nunca. Hoy es un día brillante.
Si no sales, claro.

Entra tanto sol por las ventanas. 

Ayer eché un vistazo a mi estantería de cine. Apenas tengo nada. No tengo videoconsola, no tengo ordenador, no ... tengo nada. Miro el libro del Muso que reposa en el sofá y pienso: "debes buscar un par de horas para leer". Y luego paso un trapo por el mueble de la televisión. Al hacerlo, recuerdo lo que me dijo mi amigo sobre mi tele: "Hombre, diez años para una tele, ya está bien".
Hablábamos de cómo pasar la cuarentena sin Netflix, ni nada...

Mi tele está nueva. Y perfecta. ¿Por qué habría de cambiar algo nuevo y perfecto?

Mientras cambio de sitio el Buda que tengo encima, y los cuadros, pienso:

"Bueno, a lo mejor al salir de la cuarentena tienes que comprar otra tele".

Mi yo interior contesta sin palabras. A lo que replico: "Pues porque esta no se puede conectar a Internet".

Mi yo interior pregunta que si cuando salga de la cuarentena puedo ir a la biblioteca, ¿para qué quiero una tele que se conecta a Internet?

Me río. Es verdad, entonces no me hará falta.

"Pero es que mira ahora, no hay películ...."

No he acabado de pensar la frase cuando el trapo del polvo tropieza con un diminuto usb que había escondido detrás de un cuadro.

"Uy... ¿qué es esto? ¿Será de mi hermano mayor?"

Lo conecto a la tele, trapo en mano. Vuelvo a girar la pantalla. Enciendo la tele.

"PELÍCULAS NELLY" se llama.

No doy crédito. ¿Películas Nelly? ¿Quién me regalaría un DVD poniendo "Nelly"? Mi hermano no, desde luego...

-¡¡¡Pero si hay cien pelís aquí!!!

Y mientras bajo el cursor algo atrapa mi atención. 

"DESTINO OCULTO"

¡jajajaja! 
NO PUEDE SER!!!

jajajaj!
¡Por favor! ¡Son maravillosas! 

 

 

 

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