Cuento Zen.


He soñado con Japón. Aunque hace unas semanas decidí no hacer mucho caso a los sueños pero es que como tiene relación con lo que me ha pasado luego.... 

En el sueño, me alojaba en un hotel. Uno con muchísimas habitaciones, mal indicadas, por cierto. Era fácil perderse ya que era un edificio altísimo, lleno de lujosos jardines y ambientes distintos. Todo muy llamativo. Parecía Tokyo, cerca del hotel en el que estuve. Un día me desperté por la mañana y salimos a ver la ciudad, y me encontré con alguien, luego me acercaron al hotel pero resulta que esa persona no me dejó en el hotel -como me dijo-, sino que se paró, yo me bajé del coche, me dijo que iba a no se dónde pero que ahora volvía y yo me quedé esperando a que volviera y me llevara al hotel...

... pero no volvió.

Y pasaron horas. En el sueño. Él había dicho que me llevaba de regreso al hotel... pero, ¿le había entendido mal? ¿Estar donde estaba era ya todo? Como digo, pasaron horas en el sueño y yo odio perderme. Me senté en unas escaleras, vi ponerse el sol. Finalmente decidí que esa persona no iba a volver. 

Y pensé: "quizá eso sea todo, me ha dicho que me acercaba al hotel y es esto. Debe de pensar que el hotel es este lugar y ya no vuelve. ¿Y ahora qué hago?"

La clave del sueño fue ese momento en que empecé a bajar la calle hacia un cruce inmenso y luego giré a la izquierda y luego llegué al hotel. También estaba perdida dentro, la verdad, pero ... fue un momento muy estúpido y muy básico, lo de echar a andar cuando vi que allí estancada, esperando, no iba a cambiar nada. Me llevó horas dar el paso. ¡Horas! Porque ¿qué pasaría si yo echaba a andar y él volvía? 

Me desperté y pensé, ¿por qué puñetas has soñado con Tokyo? Pero como no hago caso a los sueños, pasé del asunto. Yo a esto lo llamo "pequeña venganza conmigo misma". Los sueños no puedo controlarlos pero sí puedo elegir no hacerles caso. 

Mientras realizaba las tareas del hogar, decidí poner un vídeo de una monja budista y le di al botón de play del primero que salió. "La casualidad propicia que sea este", me dije. El primero de la lista. Y comienza con: "Os voy a contar un cuento de la tradición japonesa"

(sonrío) "Hum, qué casualidad".

Y habla de una sirvienta que le pregunta a una monja si ella puede seguir un camino espiritual siendo lo que comúnmente llamarían los demás seres una ignorante. Como era de esperar, la monja le contesta que sí y que su condición es maravillosa para ello. Y le dice que mire la fuente de sus pensamientos y que no se deje arrastrar por las ideas engañosas. Luego enaltece el trabajo manual y sencillo que no nos da quebraderos de cabeza y que nos permite tener la mente para nosotros. 

(pensativa) "Hum. Poco más me está enalteciendo el paro. Pero es obvio lo que dice no es nada nuevo; yo sé de un escritor que supera crisis fregando los platos. No es un secreto. La jardinería relaja... el trabajo hecho de modo... ¡cielos, espera, ¿¿eso de tener la mente para uno se puede practicar??!!"

Luego la monja continuaba diciendo que normalmente nuestros trabajos nos absorben y nos dan quebraderos de cabeza.

"Mira qué lista es"

Y luego termina diciendo que un día la sirvienta que gozaba de un trabajo sencillo, va a por agua una noche de luna llena, y se le rompe el cubo. Y en ese momento se iluminó.

"Ya estamos otra vez con las iluminaciones maravillosas y repentinas que a mí nunca me van a pasar jajaja... Uno se ilumina barriendo un patio, a la otra porque se le rompe un cubo. Bah!"

Continua el cuento diciendo que la sirvienta miraba el reflejo de la luna dentro del cubo, pero que al separarse el fondo de este, el agua se derramó, la luna se fue y ella se dio cuenta de su verdadera naturaleza. Equipara nuestra identidad con el reflejo de la luna. Intentamos defenderla y mantenerla, pero cuando se cae la parte inferior del cubo, se pierde. Porque no es real. La monja sigue hablando de que Buda y nosotros somos lo mismo, que todo lo demás son pensamientos engañosos. 

"Entonces, ¿pretende que no me crea ningún pensamiento que me hace daño?"

Reflexiono en silencio mientras ella sigue hablando sobre lo excesivamente cansado que es tener una identidad que reforzar y defender a cada momento, y de pronto comenta algo sobre un río. Es en este punto, en el que habla de no apegarse y una serie de cosas extrañas, en el que yo le pregunto a esa otra parte de mí de qué puñetas trata el vídeo y me doy cuenta de algo:

"No metas las cosas en frascos!!"

Me da la risa. Y ahí queda la lección de hoy.
Que no meta el río en un frasco.



¿Qué pasa hoy en día con el amor? -Cuento para reflexionar




- En París todos usan esa página -dijo Carlota-, de hecho, es francesa. ¡Está muy de moda allá!

Nelly observó a su amiga con escepticismo. ¿Por qué no podían las cosas ser como antes? Cuando un chico y una chica se conocían de toda la vida, y se iba fraguando el cariño poco a poco. Ahora todo funcionaba a través de pantallas repletas de perfiles, con arduas lecturas, lenguajes llenos de signos con prosa sutil y engañosa. 

- Esta bien -dijo Nelly-. Si tú dices que funciona.

Un martes ocioso, accedió al portal desde el sofá de su casa. Empezó a ojear las fotos sin atreverse a escribir a nadie. Al parecer todos los chicos que aparecían allí eran pilotos, conducían un coche de alta gama o hacían windsurf. No había nadie con una foto normal, sin una moto deportiva de fondo o un avión de combate a sus espaldas. Como si se pasaran el día haciendo deportes de riesgo o saltando desde rascacielos para salvar el mundo. 

"Parece el casting de aspirantes a interpretar a James Bond" pensó.

Un pop up le avisó del deseo de alguien de iniciar una conversación con ella.

"Hola" saludó Nelly.

"Hola".

Era un comienzo soso, pero prometedor.

"¿Qué tal?" preguntó Nelly.

"¿Quieres venir a mi casa esta noche?"

Las cejas de Nelly se elevaron como paracaídas al viento.

"Hombre así.. sin flores ni nada" respondió.

Su interlocutor no captó la ironía. De la misma manera en que se desinfla un globo cuando le haces un agujero muy pequeño así se desinfló el ánimo de Nelly al leer su reacción. Salió de la página. 

Tres meses después, y tras escuchar un millón de historias de ligues e incluso bodas a través de páginas similares, se volvió a conectar. Considerando que era un método tan válido como cualquier otro para conocer gente, regresó al mundo virtual para entablar conversación con extraños. Esta vez buscó características especiales pues la web permitía (¡nada menos!) elegir cualidades de los interlocutores. Puso no-fumador, ávido lector, chico tranquilo. Como si el amor se pudiera cortar por un patrón. Como si se pudiera diseñar. Recordó mientras le daba al intro lo enamoradísima que estuvo de un chico borde, muy realista, fumador y que no leía nada más allá del periódico deportivo o los menús de los restaurantes. Un auténtico pesimista, contrario a ella en todo. 

Le dio al intro y comenzó a charlar con gente. Incluso llegó a quedar con algunos para tomar un café pero al regresar solía hacerlo muy deprimida. Tanto, que en una ocasión llamó a una amiga y le habló en estos términos:

- No lo entiendo. Vuelvo con el ánimo por los suelos. Esto me deprime muchísimo.

- Eso es porque te formas expectativas -dijo su amiga alegremente.

- ¡¿Pero si no espero nada?! Resulta agotador. ¿Tú no te deprimes al volver de estas citas? 

- Sí, es normal -contestó la otra riendo-. Es como cuando vas a comprarte unos pantalones a las rebajas y no encuentras ninguno que te valga. 

El idealismo es aquella postura que considera la vida acorde a unos valores y modelos de armonía que no se corresponden con la realidad. Igualar la búsqueda de una pareja a la de un pantalón de rebajas fue algo que a Nelly le hizo dar un brinco por dentro. Así pues, decidió que su amiga tenía razón y decidió abandonar la página. Estaba harta de ir a buscar pantalones.

Tres meses después estaba en una cafetería con una amiga de las islas. Le mostró, orgullosa, un anillo de pedida bellísimo. Nelly lo contempló admirada. 

- ¡Qué maravilla!

- Le conocí por esta aplicación -dijo su amiga enseñándole el móvil. 

Así, a ojo, era la web más agresiva de búsqueda de citas de la que había oído hablar. Nelly no dijo nada a su amiga, contuvo la risa que revolucionaba su estómago con un temblor que pasó desapercibido. 

- Me estaba dando de baja cuando me escribió.

- ¿De veras?

- Oh, sí -contestó la otra-. Verás, me di de alta y conocí a un chico que estaba de vacaciones. Hablamos en inglés y le dije que quedara con quien quisiera para ligar pero que si le apetecía hablar o tomar un café, que me llamara.

"Vaya, otra como yo" pensó Nelly mientras le daba vueltas a la cucharilla del café, entretenida.

- ¿Y qué pasó?

- Pues que quedamos dos veces y a la tercera me mandó un mensaje que decía... ¡Mira!

El contenido era tan obsceno que de la perplejidad, Nelly pasó a la risa abierta y franca. Y se estuvo riendo un buen rato. Era tan surrealista que ni un autor habría podido imaginarlo más esperpéntico. 

- Y claro, decidí darme de baja -dijo su amiga-. Y justo cuando me daba de baja me escribió mi prometido.

- Eso es el destino -dijo Nelly.

La otra historia que contó a continuación, la del prometido, sí que estaba formada por casualidades entretejidas de manera tal que el resultado era una hermosa melodía. Nada estridente, nada forzada. 

Con el tiempo, Nelly conoció a alguien interesante fuera de internet pero en la tercera cita él le dijo que no quería atarse pues estaba en una de esas fases de descubrirse a sí mismo, investigar el cosmos, crecer en espiritualidad y saltar de flor en flor, según su brújula de libertad interior le dictara. Nelly pensó que con casi cuarenta años uno ya debería haber superado esa fase. 

Unos meses después, en un curso de yoga, Nelly conoció a una persona que juzgó interesante. Alguien con quien compartir sus gustos eclécticos. Por eso fue mayor su desilusión al notar que la frecuencia de sus mensajes obedecía al impulso no confeso de "cuando no tengo otra cosa que hacer". Así que le emplazó a su territorio favorito: una cafetería. Lugar neutral en el que se sentía cómoda y le preguntó abiertamente lo que buscaba.

- Estoy en un momento de descubrirme a mi mismo, explorar, ampliar horizontes, y no quiero atarme -dijo su interlocutor-, porque estoy en evolución constante. Acabo de empezar un nuevo proyecto, mi vida es... en fin, impredecible y apasionante.

Nelly aprendió que "ahora es nuestro rato" equivalía a "soy un hombre egoísta y no estás entre mis prioridades". Que cuando dicen "estoy en una fase de evolución y descubrimiento" significaba "vivo una crisis y no sé por dónde voy a salir". Y que lo que dijo a continuación era la peor excusa del universo para continuar con aquel café:

- Pero tú y yo hemos conectado y eso no significa que tengamos que dejar de vernos. Porque yo podría enseñarte cosas... que jamás has visto.

Las cejas de Nelly se arquearon de nuevo como paracaídas al viento. A aquellas alturas de la conversación, su interior estaba muy fraccionado. Por un lado su yo consciente, concentrado en mantener la entrevista con la profesionalidad clínica y fría de quien hace una entrevista de trabajo. Por otro, su verdadero yo. Estuvo a punto de preguntarle a ese otro yo qué opinaba de todo aquello pero la respuesta de la burbuja que sentía en su ombligo era algo así como: "demasiado surrealista para comentar".

"¿Pero qué le pasa a la gente hoy en día?" pensó Nelly. 

- Mira, me tengo que ir -contestó-. Aunque agradezco la propuesta y es tentador pero... no puedo aceptarla. Gracias, de verdad.

- Pero el cosmos ... las estrellas.

- Sí, sí, lo que tú quieras. Las lunas de Júpiter también...

- Pues tú te lo pierdes.

- Efectivamente - Nelly se puso en pie tan rápido que la silla chirrió de manera molesta-. Me lo pierdo, me voy. ¡Ciau!

Tres días después se enteró del divorcio de un amigo, un mes después del divorcio de otro que era amigo de su infancia.

- ¿¡Pero qué ha pasado?! -preguntó.

("¡Ya es casualidad! ¡Ya es casualidad!") dijo a su yo interior con los ojos enrojecidos y tristes. ¡¿Qué puñetas pasa con el amor?!

- Pues nada, que un día se levantó y me dijo que había cambiado de opinión -dijo su amigo- Que ya no estaba enamorada. Se le pasó, sin más.

Nelly suspiró. Suspiró con el ombligo. Con el alma. Con los ojos, con el corazón. Llegó a casa y por casualidad se encontró una frase de Cortazar al abrir el ordenador. Uno de esos guiños del universo que le hacía preguntarse, ¿de dónde vienen estas casualidades?


Leyó la frase una, dos, tres veces. Y se sintió mejor.

Luego miró a la luna preguntándole qué había hecho con su alma gemela... pues al parecer se había perdido en algún otro universo.

FIN. 

Aprendiendo a manejar el enfado.

Hoy me ha pasado algo curioso. Me hallaba en un momento de estrés cuando recibí otro estímulo estresante adicional y contesté con demasiada amabilidad pero notando que en mi interior se desataba una tormenta. No era un gran diluvio sino más bien un frente nuboso con ecos de aparato eléctrico que amenazaba eclipsar el día.





Lo interesante en el asunto es que en lugar de contestar a mi "yo interior" algo así como: "cállate, haz las cosas y sé amable", me detuve unos instantes -apenas unas centésimas de segundo- en reconocer la emoción. No es algo que ocurra todos los días. Y entonces me sorprendí al notar que esa emoción es un lenguaje. Como un abecedario sin palabras. Es un "yo-interior" incomprendido e ignorado. La tormenta me incomodaba pero no era algo a censurar, sino un simple aviso.

Y me dije a mí misma, mentalmente:  "No te enfades. Si te enfadas vas a responder mal. Y eso ni te va a ayudar a ti, ni le va a ayudar al otro".

Por toda respuesta ese "yo interior" volvió a reforzar su posición y presencia con la misma emoción, dando a entender que su sola existencia era ya prueba, o indicio de algo. 

“¿De qué te sirve enfadarte?” pensé. "De nada"

En este punto del intercambio, la emoción seguía ahí pero una parte de mi cerebro preguntó indicaciones. Es decir, la auscultación de mi parte emocional me dejaba un mensaje parecido a: "ah, bueno, vale, ok, estamos enfadad@s, de acuerdo, ¿piensas hacer algo o solo vas a aplastar la emoción hacia abajo como siempre?".

"Interesante" me dije mentalmente. La intensidad del enfado había disminuido y una parte de mi cerebro me preguntaba expectante por el camino a seguir. Miré a mi alrededor, miré el asunto que tenía entre manos y cuya salida no encontraba y tras pensar que un cerebro estresado no es creativo, anuncié:

- Me voy al descanso.

Y al pedir el café tuve una revelación. 

Es un diálogo. Todo lo que pasa, lo que filtramos, lo que percibimos, es en realidad un diálogo con nosotros mismos. Me vino a la mente la frase que escuché hace tiempo, puede que muchas veces, que dice que cuando nos enfadamos no nos enfadamos con los demás, sino con nosotros mismos. Y mientras le daba vueltas al café pensé en una sucesión de situaciones que puse a prueba a ver si era cierta y aplicable esa frase. Y resulta que lo era. 

No en todas las situaciones (siempre puede darse el caso de que te pongan en peligro, lo que puede causar gran enfado, y aún incluso en este caso el enfado es por nuestra capacidad o incapacidad de reacción). Pero vamos a ver algo más sencillo. Doy los buenos días a alguien y no responde. Eso suele molestar a casi todo el mundo. Bien, veamos:

"fíjate, no me ha saludado, siempre me pasa a mí, tendrá morro... cómo se atreve?"

Este tipo de ideas son las que nos asaltan la cabeza y la emoción de enojo aumenta. Pero, ¿qué me estoy diciendo en realidad? Estoy diciéndole a mi yo interior: "es por tu culpa". Con lo que el enfado aumenta. O puede que esté diciéndole a mi yo interior: "¡haz algo para que cambie la situación!" y eso además genera frustración.

¿Qué ocurre si yo cambio el diálogo? Y si le digo:

"Vaya... ya está otra vez comportándose de modo descortés. Qué pena, debe de tener una vida muy triste para no poder dar ni los buenos días, ¿verdad?"

Si yo le digo esto a mi yo interior... seguro que se siente más liberado. Se calma.

O puedo no decirle nada. Cuando empecé a conducir mi coche no me enfadaba con nadie. No tenía tiempo. No me importaban los demás, sólo pensaba en no meter la pata yo. Y si alguien hacía lo indebido y me molestaba, no me decía a mi misma: "¡será idiota ese!", sino que decía: "Cuidado, ojo, obstáculo imprevisto" y no me enfadé ni una vez. Cuando logré cierta soltura, me vino una fase en la que iba enfadada con todo el mundo: "ése lo hace mal, ese lo hace fatal, a ese ya le vale..." jajajaja!!

¿Qué ha cambiado? Mi diálogo interior.

Entonces, hay que ver en qué situaciones ¿compensa? el enojo y en cuales aplacarlo nos llevará a encontrar la solución más fácilmente. En general, si le das una perspectiva egoísta a la situación que te enfada, creo que disminuye el estrés. En vez de poner el foco en los demás, hay que darle la vuelta y preguntarse: "¿Qué puedo hacer yo?". Me enfada que suena el despertador muy temprano. Vale, ¿qué puedo hacer yo? ¿Puedo decidir echarme una siesta luego? ¿Puedo cambiar el sonido? ¿Qué puedo hacer? En lugar de enfadarte por sentir enojo, si a esa emoción le dices: "ah, vale, sí, genial, hay algo que molesta, vamos a ver qué opciones tenemos de cambio" y entonces ¡zum! se esfuma el cabreo.

Eso pienso, pero sólo es una opinión.
Alguien me dijo una vez que el enfado es una reacción normal del ser humano ante algo que considera injusto.Sólo es eso. No es algo terrible, ni algo que vaya a desaparecer, ni algo censurable. Pero, ¡caray! vivimos tan rápido que generalmente no te paras a hablar con tu "yo interior". Como mucho lo miramos con desdén y desaprobación o ni lo miramos. Sin embargo, si en vez de ser severos con las emociones intentamos entenderlas... creo que la vida resulta menos tormentosa.

Salu2!! 

Los delfines

Me ha pasado algo muy raro y no sé si puede servir de precedente.
Veréis, estaba montada en mi barco (lancha, que nadie piense en yates) y pensé que sería algo maravilloso ver delfines. 

Mi pensamiento me dijo:
"pues si quieres ver delfines deséalo de corazón y aparecerán"

A lo que yo repliqué mentalmente: deseo de todo corazón ver delfines. Y no sólo verlos sino nadar entre ellos. Ojalá viera muchos.

Dos horas más tarde vi una bandada de patos (en el mar) y les di de comer y brillaban bajo la luz del sol. Y sentada en el barco miré al horizonte y pensé: "de los delfines ni rastro. Pero es normal. Ni que con desear las cosas estas llegaran. Eso no funciona así. Ojalá funcionará así... Todo el mundo sería feliz. Pero no basta con tener fe y desearlo y tener la mente abierta a que van a aparecer. Jajajaj!"

Y me olvidé del asunto. 

¿Sabéis que me encontré regresando?

- ¡¡¡Delfines!!!

" Mirad! Delfines!! "

Dos familias. Luego se unió una tercera. 
Los seguímos casi una hora. 
Y claro jajajajja se me quedó una cara de idiota. A ver si... Va a ser verdad. Si tienes fe... Pero no no no.... No puede ser. Ay! Qué lío jajajajja!! 

Comenzando nuevo año

Los años no terminan en diciembre, para mí finalizan en agosto. Empiezo nueva etapa y dejo atrás muchas cosas de la anterior, porque da la casualidad de que cumplo años en un lugar con un extraño efecto.


Es un efecto difícil de explicar. Pero la foto es parecida a lo que quiero decir. Es como si de repente te dieras cuenta de que has estado viviendo dentro de un edificio con ventanas a las que no te asomas. Y cuando te asomas... Descubres como un nuevo mundo. Este lugar tiene una influencia muy fuerte y positiva para mí.


Y revisas las cosas del año y comprendes muchas. Y buscas cosas nuevas y en vez de miedo tu pensamiento responde "claro, ¿y por qué no?" y entonces empiezas a hacer planes de pequeños cambios que están a tu alcance. Te ríes porque expones tus teorías y las respuestas te hacen entender lo que otro intentó enseñarte y dices ah, pues sí, ahora lo entiendo. Y pruebas nuevos caminos. Y te olvidas un poco de la filosofía para buscar un poco más la experiencia. Y sigues las normas que el Universo tuvo a bien susurrarle a un escritor. Y encuentras frases sorprendentes en los lugares más inesperados. De un tal Epicuro diciendo "hazlo todo como si alguien te observara siempre" (en serio, ¿es normal ver eso en una valla en medio de una rotonda?) y das las gracias porque a tu paso salen cosas llenas de belleza.

Es solo una reflexión.
☺️

Salvando al erizo

Este pobre chiquitín se había caído a un pilón seco y se había refugiado en una regadera... Y hoy que es mi cumpleaños por pura casualidad fue rescatado jajajaj.


Ha sido una pasada. Lo llevamos al jardín y le di agua. Fui a por una manzana y luego me senté a ver como respiraba. Y se infla a como una bola. Era genial verlo respirar. Y tras diez minutos de inspira y echa el aire se despertó jajajaj me miró, olisqueó todo y se fue. Y seguirle fue más bonito aún. Menos mal que lo encontramos. Se habría muerto en el pilón.


=) me encanta porque lleva una armadura puesta jajajaj.

¡¡Vaya meditación!!

Saco la bicicleta, la preparo, me pongo en marcha. Llegó a la laguna secreta donde hace poco más de un año medité durante dos horas. Nada más entrar veo que alguien ha limpiado el camino pero ha dejado un diente de león explosivamente llamativo entre 4 rocas. No le tomé una foto porque era una flor silvestre, nada más. Pero el detalle tiene su gracia. Parecía un florero y la planta crecía tan decidida que parecía más una gerbera de esas...



Una bandada de patos haciendo buceo me reciben como comité de bienvenida. Pescan, se meten debajo del agua y salen a tres metros. Yo no sabía que los patos buceaban. Una cosa es zambullirse y otra nadar bajo el agua de la laguna. Pronto descubro que son crías. Me llama la atención que no se mojan. Sus plumas son impermeables. 

A la hora y media me he hecho una idea de lo que es la vida en la laguna. Jerarquías, llamadas de alerta y peligros cotidianos que acechan a los patos. Ni rastro del Martín pescador que vi la última vez. Descubro que hay como cinco familias con crías que van desde los pocos días de vida hasta casi adultas. Las garzas reales no se acercan.

Pero meditar, meditar... Lo que es meditar, más bien poco. No sé como acabó reprochándome a mi misma la cantidad de obviedades que he pasado por alto al empeñarme en llamar maestro a quien no lo era. Mira que me lo dijo veces, me digo. Mira que te decía todas estas cosas y no eran broma, eran de verdad. Sentada en la laguna con el ceño fruncido me preguntó a mí misma una y otra vez ¿cómo puedes ser tan idiota?

Hasta que la pregunta que empieza a preocuparme de verdad es "¿y dónde encuentro yo ahora un maestro?" Con la cantidad de brujas, meigas y farsantes que hay por ahí, ¿cómo no equivocarme y confiar en el inadecuado?

Saco la bici de la laguna muy atribulada. Monto y pienso que lo mejor es que el maestro sea una mujer. Pienso en la única fuente (fiable, pues venía de él) que conozco y me digo "¿querrá escribirse conmigo?" Es un hecho innegable que a veces me comunico mejor por escrito (y es que las condiciones con el anterior eran perfectas). Algo en mi interior (algo que lleva un rato en pie de guerra) me sugiere algo así como "no fuerces". Es verdad que no puedes escribirle a una señora religiosa que está a 9000 km y decirle "hola, ¿qué tal? Me encantaría que me enseñara". Y es que he visto unos videos del Dalai Lama que me intrigan.

Regreso por el camino de la playa. Algo en mi interior me recuerda: "Eva, mira la playa" en realidad solo miro para el camino. Refunfuño mentalmente y alzó la cabeza. Sí, la playa es preciosa, pero tengo que mirar el camino. Esta lleno de piedras. Mentalmente, me digo: "te vas a quedar en la ignorancia y luego te morirás sin saber de qué va todo esto. Es insoportable"

El pensamiento me sorprende incluso a mí. ¡Jajajaj!, ¿me da miedo no aprender? Jajajaj. ¿Como si fuera una responsabilidad? ¿De dónde vienen esas ideas? Un poco más enérgica, pedaleo y vuelvo por dónde he venido.

Y aquí es cuando pasa algo inusual.
Tomo el camino de vuelta al bosque y a los pocos metros descubro que no es el camino. Vuelvo atrás. "Que raro" me digo. Doy una vuelta con la bici y veo un chiringuito de playa. "Ah, debe de ser por ahí" Supongo que me he saltado un tramo. Pero tras recorrer el camino del chiringuito y tomar la bajada hacia el bosque me pasa lo mismo. Llevo mil años haciendo ese paseo en bici. Jamás me había despistado así. Subo de nuevo a la carretera, aún trabajando con la parte de mi mente más racional, me digo "solo hay dos bajadas y ya he hecho el tramo del chiringuito. Si esta no es... Necesariamente tiene que ser la otra". Me acerco y veo una dirección prohibida que me inquieta muchísimo. Aún así bajo un poco más la cuesta. Y tampoco es el camino. El camino, simplemente, ha desaparecido. En ese instante decido pedir ayuda a la otra parte de mi cerebro. Esa que desde la laguna está en pie de guerra. La parte que me dijo que me estaba perdiendo el paisaje. La que sugirió que no me preocupara. Digamos, la parte a la que yo llevaba reprochado 3 horas que sintiera confianza y se fijará en quien no quiere ser mi maestro. Porque le caigo mal, seguro.

"Ayúdame, anda, tú sabes por dónde es"

Pero esa parte de mi mente no contesta. De sobra sabe por dónde es porque lo siento cada vez que voy. La brújula interior se ha apagado inesperadamente.
Esto es una venganza.

"Vamos, los caminos no desaparecen sin más..."

Cómo una sensación llega hasta mí la idea de sigue a ver que encuentras. Pero esto me inquieta y me enfada. Hay un camino y es el que quiero yo. Los caminos no desaparecen.

No obstante, veo otro de tierra bordeando el mar. Decido ir por allí. Y de repente descubro que termina en un paseo de baldosas amarillas. Me hace gracia lo de las baldosas pero es muy real. Seguro que el alcalde no pensó que se diera una situación tipo Mago de Oz con una chica en bicicleta, deseando volver a casa.

Las baldosas son el fin del parque de la vieja fábrica. Resulta que he descubierto otro camino. "Ah, pues que bien. No entiendo la enseñanza si es que hay alguna" sigo pedaleando creyendo que todo esta solucionado hasta que llego al embarcadero abandonado que me corta el paso.

"Oye, esto no tiene gracia. Odio perderme"

Me bajo de la bici y bajo y subo un camino que serpentea rodeando el embarcadero. El paisaje asusta un poco. Es tan decadente que te hace pensar en el paso del tiempo. Al llegar al otro lado el parque continúa. Casi sin darme cuenta llegó al inicio del camino que yo tomó normalmente. Si hubiera estado de mejor humor lo habría subido para ver por qué no localicé su entrada en mi regreso.

Mientras vuelvo una parte de mi me pregunta que cómo o por qué he vuelto a encontrar el camino a lo que yo contesto mentalmente que por la referencia del mar. Sólo me aventuré porque era consciente de dónde estaba la línea de la costa.

Pero si esto es una metáfora o algo así... No lo entiendo.

Sólo sé que me he quedado sin profe.
Bah! No tiene importancia. Seguro. Seguiré meditando y ya está.



 

 

 

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