Sueños que son historias: el pájaro


Algunos sueños los recuerdo, otros no. De hoy recuerdo dos, uno ... da lo mismo, y este vamos a ver qué me dice porque, yo, no lo entiendo:

La urraca



Viajaba en un coche cuando veo por la ventanilla una urraca volando con dificultad, pues le faltaba su larga cola. 
"¡Vaya!" 
Saqué la mano por la ventana y la urraca se acercó mucho. Tanto, que al final se posó en mi mano.

"Ayyy".

Clava las uñas. No os penséis, esos pájaros son grandes.

Miré a la urraca y pensé que debía de estar cansada. ¡Pobre urraca! De nuevo voló otro poco y de nuevo si yo ponía mi mano a su alcance, como refugio, se paraba allí a descansar. Y se paró y apoyó el pico en mi mano.

- ¡¡Da la vuelta!! -dije al conductor.
- ¿Qué pasa?
- ¡Porfa, da la vuelta, está herida!

El conductor dio la vuelta y paró. Salí del coche. 

"Hay que buscarle un refugio" pensé.

Pobre animal. Así que busqué un refugio. Y de todos los lugares del entorno, el mejor era un parque. Llegué hasta allí y me encontré cosas por el camino que me podían servir. Unas flores, un poco de verdura, plantas. Dejé a la urraca (se acercó gente al verme con ella) en un lugar semi escondido, bajo un matorral, y lejos de donde los niños jugaban al fútbol o del paso.

- Espera, voy a por agua... -le dije al pájaro.

Al darme la vuelta encontré a otra persona. No le conozco, pero en el sueño sabía  más que los demás. Me pareció un chaval preocupado por la naturaleza.

- ¿Qué haces?
- Está herida esa urraca -le dije-, voy por un poco de agua...
- ¡Aah! Áurea corvidae...

Vale, sí, el nombre en latín. Conocía al pájaro, pues qué bien. 
Me acerqué a una fuente, con una hoja capturé un poco de agua.

Al acercarme de nuevo al refugio me agaché y le di de beber a un pájaro blanco y negro. Pero me sorprendió un poco. Y al levantarme a por más agua me dijo el chico:

- ¿Ese pájaro?

El chico me siguió mientras yo llenaba de nuevo la hoja y volvía al refugio. Pero... ¡ese pájaro no era la urraca, era un avión común y estaba muy sano! Le llevé agua de nuevo y se acercó sin miedo alguno y se puso a beber. Y también se me acercó otro animal, y un niño, y otro pájaro y... ¡¿¿Qué pasa aquí??!!

Me levanté y miré al chaval joven:

- ¡¿Monto un refugio y se acerca todo el mundo?!
- Pues claro.

¿¿?? Recuerdo que pensé: "No lo entiendo. Los animales nos tienen miedo. Generalmente."

Y miré de nuevo al avión, al petirrojo, al gorrión, al .... ¡Nelly tiene un zoo jajajaja!

Pero aquí viene lo que no entiendo. Fui a buscar a la urraca, y no estaba. Y cuando regresé de la fuente por tercera vez.... lo que vi son... plumas y restos con sangre. Imaginaos. Todo el sueño, yo solo quería salvar a esa urraca. Y aquella pistas no eran buen señal.

A pocos metros había un gato. Nunca vi uno tan espectacular. Era majestuoso. Y de un color como tirando a blanco pero no exactamente. La verdad, no parecía un gato y ahora os cuento el porqué. Enfadada, me acerqué a él. Le culpé de la muerte de la urraca. Me puse a su altura y pensé: "¡Lo voy a asustar!".

Le moví las manos, le puse cara de ferocidad, hice ruidos, ffffffffppppffff!!! ¡¡¡fuera, gato malo, has matado a mi urraca!!!

El gato era un ejemplo de estoicismo increíble. Y solo me miraba. Impasible. 

"¿Cómo puede no tenerme miedo?" Ni se movió. Nada, ni un ápice. Era un gato grande e impasible con unos ojos más... no sé, era como mirar el universo. No tengo ni idea de que representa ese gato impasible en el sueño. Sólo sé que, viendo que fracasaba en mi intento de venganza, me erguí de nuevo. Y se acercó el chico.

- Por la forma es que están esas plumas -dijo, señalando los restos-, ha venido de lo alto.

- ¿¿¿Qué???

- Ha sido otro pájaro -me dijo, señaló el cielo-, ha sido un halcón.

- ¿De veras?

Jo, y yo culpando al gato. Con razón no se movía.

Miré al chico, muy triste, o más bien... confusa.
Creo un refugio y se me acerca medio planeta. Conclusión: cuando haces algo con compasión todo el mundo viene porque el mundo necesita eso.

Pero yo lo que quería era salvar a la urraca.
Sabéis, sigo muy meditabunda. Me desperté porque escuché ¡¡¡FIUUUUUU!! al lado de mi oído, ajajajaj. Os lo prometo. Digo, ¿qué? 

Pero no entiendo... no entiendo qué me dice mi mente. La parte de la compasión, sí, ya la vi, gracias. Lo vi clarísimo. Pero... si yo solo quiero salvar a una pobre urraca, y hago todo lo posible, ¿para qué va el sueño y se la carga? No es justo. ¿Que saco de ahí? ¿Que aunque a veces  nos esforzamos luego viene algo externo y allá fue todo? No lo entiendo. ¿Que no podía salvar a la urraca? ¡Pues vaya!

Mal, muy mal, jajajaj! Este sueño no me ha gustado, cerebro, para mañana te inventas otro mejor. Lo quiero con unicornios jajajaj. 



Miercoles. Diario de una aprendiz budista.

Hum.
Se me ha olvidado el sueño y la enseñanza del sueño.
Anoche medité unos minutos antes de dormir. Y la verdad es que me quedé dormida con mi pañuelo multicolor especial alrededor del cuello (¡¡claro!! me lo puse cuando meditaba porque es grande como una manta y así no me enfriaba).
He soñado con una enseñanza.
Me he despertado.

Y el sueño ha hecho... ziuuuuUUUmmm!
Se esfumó.

"¿? No, espera... no no nono..."

Se fue, se fue, se marchó.

No hay sueño.

Sé que repito mucho estas palabras pero: No es justo!!!

¿De que me sirve soñar una enseñanza... estar en el sueño diciendo "ah, sí... ya lo veo, ya lo entiendo", si luego te despiertas y se va? ¡Me he quedado como al principio!

Y era importante. Bueno, a lo mejor si medito me acuerdo.

Ayer meditando me acordé de algo sobre una conversación que tuve con el que me enseña. Sobre las letras mayúsculas. Alguien me dijo a mí que las mayúsculas son un "grito". En los messengers. Yo se lo dije a mi otra ... parte del cerebro, la que no usa palabras. (Me dice: la importante, jajajaj). Y luego el que me enseña puso una cosa en mayúsculas y yo me preocupé mucho. Porque le puse también, "como me has gritado..."

En realidad, qué tontería, usar mayúsculas no es gritar. Es una convención. La mayor parte de las veces, si usamos mayúsculas en el trabajo es porque estamos trabajando y no te da tiempo a pasar a la minúscula.

Pero el sueño no iba de eso.

Mira que recordar muchos sueños y olvidarme de este. Y es que encima se ha desvanecido de la manera más tonta. Ha sido como: "Es de día, fin del sueño" y se esfuma.
¡Oiga, que el mensaje era importante!

La culpa es del pañuelo jajajaj!
Ese pañuelo multicolor os digo yo que es mágico.

Saludos!!!! 

The girl with all de gifts



Creo que me llamó la atención el título pero como la carátula era diferente a la imagen, no supe que era una película de zombies.
No me gustan esta clase de películas porque me parecen una forma de justificar la violencia extrema. Sale mucha sangre pero es como si el director o guionista dijera "puedo hacer todo esto porque no son humanos". Pero yo veo humanos. Y... como no consigo separar bien (es decir, no catalogo a los malos como seres no humanos, yo veo humanos raros) pues no me gustan. Veo mucha violencia en ellas. Y no me gustan.
Sin embargo, la saqué de la biblioteca sin saber lo que era. Y voy a destripar el argumento así que, si quieres ver esta película, no leas esta entrada.

Argumento

La primera parte transcurre en una base militar, donde vemos que tratan a un grupo de niños... como si fueran poco más que perros. Sin embargo, la protagonista es educada, inteligente, amable, curiosa. En fin, una niña encantadora.
Poco a poco te desvelan el terrible secreto.
(y le di al avance rápido).
No son niños, sino una especie de híbridos entre seres humanos y zombies. 
La base militar es asaltada, los protagonistas huyen (la lógica escritoril me advierte que aparecerán en este punto peleas con zombies así que... avance rápido). 
Lo dicho, peleas con zombies.
Finalmente, queda un pequeño grupo compuesto por la niña (liberada), la doctora, que busca una vacuna y quiere que siga con vida solo para poder extraerle el cerebro, y unos militares. Además de una profesora, que es el componente emocional y que ve en la niña un ser humano. Digno de respeto y con derechos. La científica no lo ve así, la científica ve una vacuna a la que tiene que diseccionar.
Avance rápido.

Tras explorar una ciudad, descubrimos que a los seres humanos les han atacado una especie de hongos, se han vuelto monstruos enfermos, esos hongos al evolucionar se convierten en un gigantesco árbol (a estas alturas, me estaba poniendo mala, jajajaja) y si ese árbol libera sus semillas todo el mundo se volverá zombie y será todo una catástrofe.

La lógica escritoril me informa de que se impone la pérdida de un personaje, por lo que le di al avance rápido hasta que ¡¡alto!!,... llegamos a una biblioteca.
Niños.

Volví al avance normal. Eran niños, sin lenguaje. Como la protagonista, pero... evolucionados en el mundo que era presente en la historia. Es decir, niños que como la protagonista, nacieron de madres enfermas. Los niños estaban sanos. Y habían crecido libres (no como los de la base militar) y tenían sus propias reglas.

Como viene siendo habitual en estas películas entre seres en libertad y seres criados por el hombre, hay un enfrentamiento entre los niños que se quieren comer a los pocos supervivientes y la niña que quiere proteger a la profesora a toda costa. 

Si te caía bien la niña protagonista, al ver la escena en la que mata a otro pequeño con un palo te deja de caer bien. O, por lo menos, empiezas a verla de otra manera.

(es su naturaleza)

De algún modo incomprensible. Cuando la científica le pide que se sacrifique por el mundo, ella decide liberar las semillas del árbol, provoca un incendio y destruye la Humanidad.
Creo que me he perdido una frase importante de la científica. A lo mejor tengo que ver esa escena.

El final de la historia es un círculo, en el que la profesora ocupa el lugar que otrora tuviera la niña. La profesora le da clase, como en la base militar, pero ahora es ella la que está encerrada pues el mundo ha cambiado y hay una nueva sociedad. 


Mensaje de la película.

Ves la vida desde una perspectiva en la que lo que te parece normal es lo que más abunda, pero a partir de la escena de la biblioteca queda claro el nacimiento de una nueva sociedad. ¿Por qué ese cambio, por qué esa nueva sociedad... iba a ser menos digna que la anterior... si tu sociedad es, a fin de cuentas, un cambio de otra que hubo antes?

Apago el DVD.
¿Me ha gustado? No. No me gustan las películas de zombies.
¿Transmite bien el mensaje?  ¡Jo, ya lo creo! El mensaje es... el mismo que tengo entendido que pretendía transmitir el libro de Soy Leyenda (me dijo un lector, que en un momento dado lo que cuestiona el argumento es por qué la sociedad humana era la correcta, si el mundo era de los zombies. Yo no lo he leído, sólo lo sé a través de esta persona. Considero que la película no transmite eso)
Me ha gustado el final de esta. La escena final.

Da qué pensar, ¿no?

Sueños que son historias: sin titulo aún.


Voy a escribirlo rápido porque se me olvida.

Estaba en mi pueblo, con más familiares, y salíamos a dar una vuelta. Caminábamos por la calle cuando de repente, alguien dice algo, un familiar se mueve un poco y de repente veo... a mi abuela.

- Abuela... -dije, patidifusa.

Mi abuela ha muerto. Murió hace año y tres meses. En el sueño tenía un aspecto estupendo. Llevaba un vestido azul. Estaba genial, estaba... serena, feliz.

- ¿¿Pero qué haces aquí??

Nos dimos un abrazo. Me contestó algo pero como se me olvida el sueño muy deprisa, pues no me acuerdo.

Seguimos paseando, nos acercamos a la barandilla que da al mar, y detrás había una casa. Era diferente a las demás, y si mirabas a la derecha, en medio de la colina donde hay casas, había otra que era igual que la que estaba plantada en medio del mar. Eran notas discordantes, tanto por tamaño como por arquitectura. Es decir, todo era normal, menos esas casas de tejado picudo y color oscuro (el tejado era como morado...) que no eran nada normales.

De repente de la casa salió un monstruo horrible, rugía y gruñía y echó a correr hacia la barandilla, pero antes de llegar, se paró. Era como si estuviera atado a la casa (corría por una especie de pasarela sobre el mar). Se paró muy cerca de mí, de mi cara. Yo estaba asustada, pero era fácil comprender que estaba atado a esa casa.

El monstruo movió los brazos, acabados en garras, con unas uñas de medio metro cada una y negras. Era más grande que yo, estaba cubierto como de pelo larguísimo... tenía un aire de esos de los monstruos de las series de anime japonesas. Los que parecen un zorro. Era todo muy extraño.

Mire a mi abuela.

- ¿¿Pero qué pasa aquí??

Ella contestó:

- ¿No te acuerdas? Es su primer año. Ya te dije que el primer año de muertos no pueden salir.

Y me lo dijo como diciendo: "a mí también me ha pasado". 

Yo miré al monstruo y miré a mi abuela. Y luego la otra casa plantada en medio de donde están las casa normales.

¿No pueden salir?

¿Y si no eran monstruos?

¿Y si las "casas" no estaban allí?

A mí me parecía una criatura muy... fea, con grandes garras y un aspecto de casi extraterrestres, pero ¿y si no eran monstruos?

Mi abuela estaba preciosa.

- Son nuevos -me dijo, como esperando a ver si yo lo entendía.

Francamente, no entendía nada.

Abracé de nuevo a mi abuela y seguimos andando. Al atravesar una iglesia, la perdí. Al salir al otro lado saludamos a un cura. Nos acercamos a otro portal y había unas flores, jo. Esas flores estaban en casa de mi abuela siempre. Son moradas. Tiene gracia, se conocen como siemprevivas. Parecen flores de papel.

Seguí andando y de repente vimos que todos los coches del pueblo tenían la tapa del depósito de la gasolina abierta. "¡Anda, ¿y eso?"! Vaya, alguien estaba robando gasolina. Todos los coches, sin excepción.

Y pensé, ¿y si vuelo a ver si veo quién lo hace? En algunos sueños volar, o más bien, elevarse es fácil. Así que dejé momentáneamente a mi familia y subí, subí, subí, hasta un balcón de una casa de piedra. Bueno, era un balcón de piedra. Vi a la policía, escuché gritos. Muchos. Y entonces empezaron a advertirme cosas.

Un bicho de color azul apareció de la nada, corriendo como un loco, dio un salto enorme y fue derecho a mi balcón.

Ay, madre.

La policía gritaba, me advertía. El bicho se agarró a la pared con las uñas y ¡PUM! cayó junto a mi balcón. Creédme, se le notaba desesperado. Se dio un buen golpe. Se agarró a la balaustrada de piedra desesperado.

¿Habéis visto la película Lilo y Stich? La del extraterrestre, que parece un perro. Bueno, pues era el extraterrestre, pero en versión real. Esa cosa azul de seis patas rematadas en uñas negras con unos dientes que "pa qué", como se suele decir, en coloquial, se giró y me miró. Vaya aspecto.

Ay, madre.

Y todos gritando abajo. Qué uñas tenía.

Qué dientes.
Temblaba.

- ¡¡PARA!! -grité.

El bicho se paró. Dubitativo. Y de los nervios.

- ¿Eres tú el que ha robado la gasolina de todo el pueblo?

No hablaba bien el lenguaje humano. Pero... estaba asustado y desesperado. Decía cosas incoherentes. Como "me dijeron que lo hiciera". Es verdad que nosotros vimos a otros humanos robando el combustible antes de que yo me elevara, pero no pudimos hacer mucho. Corrían por la calle. Y esos parecían humanos pero este bicho no.

Con palabras atropelladas me dijo algo que entendí que no tenía intención de dañar. 

- No puedes robar gasolina a los humanos -le dije.

- ¿¿¿¿¿¡¡ por qué!!!!????

"¿Cómo se lo explico yo?" el bicho se me lanzó en los brazos mientras la policía amenazaba con dispararle. Qué raro era su tacto. 

¿Cómo se lo explico?

- Mira -comencé-, ¿ves esas puertas? (un señor, cerraba una tienda, abajo, en la calle. Era de noche) Eso son tiendas. Los humanos abren las tiendas y van todos los días... para conseguir gasolina. ¿Lo entiendes? Es la energía que usan. ¡No puedes robar gasolina a los humanos! 

JO.
Pues no estaba nervioso el bicho ni nada. "Me dijeron que...", le habían engañado. 

Y me desperté.

Entiendo varias cosas, pero sobre todo una: los monstruos de esta historia no son monstruos. Yo los veía como monstruos. Pero... no lo eran, es la forma que tiene mi cerebro de clasificarlos.
Así que.... a saber qué significa todo esto.

SALUd2!!!!

Por cierto, ¿qué título le pongo al galimatías que he soñado hoy? 

¿Y por qué iba alguien a robar la gasolina de todo un pueblo? Eso está mal... 

Un corazón lento.

Me han realizado un electrocardiograma. 
Creo que nunca me había hecho uno. Forma parte de un reconocimiento médico. Y con lo poco que me gusta a mí medir y contabilizar cosas...


- Vaya... -dijo el doctor.

- ¿Qué?

- Verás -me explicó, viendo que le había preguntado mil cosas, y que tenía interés-, un corazón humano lento va a 60 pulsaciones por minuto. Se considera normal que haya entre 60 y 100 latidos, estando en reposo. Las personas de ritmo más lento tienen 60. Sin embargo... ¿Ves esto?

- Sí, ¿qué significa?

- Que el tuyo late a 54 pulsaciones por minuto.

- ¡Anda!

- Y ahora late a 50.

¿¿¿54????? Pensé: "¿y cuándo medito... cuánto late?"

- Y sigue en 50. ¿Practicas deporte?

- Sí -contesté.

 Y me he puesto a pensar. Siempre que hago elíptica o bicicleta... pero sobre todo elíptica, cuando llega ese punto en el que "algo" dentro me indica que estoy rozando el límite, si miro la pantalla que mide los latidos pone: 151. 

Tiene gracia porque hay un cartel en la pared donde te pone cuánto puede o no puede latir tu corazón, según tu edad, y te pone que el 80% de esfuerzo es si late entre 160 y 180. Yo contemplaba el cartel y solía enfadarme, porque entendía que me cansaba antes de llegar a un esfuerzo del 90%. Os garantizo que yo llego al límite en 151. Latido arriba, latido abajo. Viendo la foto de mi corazón... ahora pienso que es normal. ¡Es que es tres veces su ritmo de reposo!. Subo rápido a 101, 102 pulsaciones. Y con 120 estoy en gran esfuerzo. 140 es algo como "ya te vale, no lo prolongues mucho" y en 150 algo sin palabras dice: "cuidado". No importa si tengo o no medidor activo. Podría deciros cuando estoy a 152 pulsaciones por minuto sin necesidad de mirarlo.

Es una buena alarma. Es algo inequívoco.

Ahora vamos a la anécdota. Una vez me tocó una pulsera de esas que te miden las pulsaciones en un mercadillo solidario. Como os podéis imaginar, pasé tres semanas obsesionada con lo que marcaba. 76 latidos subiendo escaleras. 90 latidos corriendo en el gimnasio. 60 latidos caminando por la oficina. En una de estas, quise presumir delante del que me enseña budismo (no sé porqué me hace tanta gracia que mi corazón vaya lento), así que me levanté (viendo que estaba en 52 pulsaciones) y dije:

- ¡Muso, mira, mira,... mi corazón va....!

Cuando yo estaba a diez pasos, mi corazón iba a 56 pulsaciones por minuto. Os lo aseguro. Cuando estaba a cinco pasos, iba a 58 pulsaciones. A un paso de mi maestro en budismo levanté la cabeza, mostré la muñeca, puse una de esas sonrisas de "mira cómo brillo" (equivalente a "mira que especial soy")  y mostré la pulsera, orgullosa. Parecía decir: "soy la calma personificada. Mi corazón es tranquilo como un cielo sin nubes".

Sólo que la pulsera no marcaba lo mismo que un segundo antes. Se disparó 30 pulsaciones más.

"88"

- ¿¿QuEEEEEeéee??

¿Pero qué? ¿Pero...?

Tal cual. Saltó de 56 a 88 pulsaciones. Porque sí. Porque le dio la gana.

- Ya está, se ha roto.

Me alejé.

64, ...56...55...

"¿¿En serio??" me dije, moviendo la mano como si fuera un reloj sin cuerda.

Me acerqué.

88...90..89.

¿¿¿?????

¡Oh, venga ya! ¿En serio?

Se lo conté al doctor y se echó a reír.

Por otro lado, me pregunto si una diferencia de 40 pulsaciones sólo por reírme... no explica que yo me ponga tan nerviosa tan fácilmente. Y que mi nivel de energía en reposo sea tan bajo. No me refiero a la energía mental, eso leí en un libro que hay personas que parecemos super tranquilas y la cabeza nos va a dos mil revoluciones. Sin embargo, externamente, no se nota.

Con 50 pulsaciones por minuto, ¿cómo va a notarse?

¿Y meditando bajaré a las 47?

Una vez más todo tiene una explicación científica.
=D
Salud2!!


Las deducciones de la escritora.


Dicen que los escritores estamos un poco locos y con razón. Sé de uno que supera todos sus bloqueos fregando sartenes. Lo terrible es que le entiendo.




Me he levantado esta mañana. Hoy, mi horario es diferente por una serie de causas que no hace falta contar. Mientras me duchaba, pensaba en el documental que vi de Buda y en Jesucristo, y en que ambos plantearon caminos nuevos para su época... y en que me daba la sensación de que esos caminos nuevos tenían que ver con ellos y ellos mismos. Me refiero a: no seguían normas externas. Seguían sus normas. Y eran tan buenas, que se convirtieron en dogma. Pero, ¿cuántos seres humanos hay en la Tierra? ¿Cuántos no habrán llegado a un acuerdo consigo mismo sobre normas? Por tanto, ¿realmente las cosas son como son por esa parte divina "a la que hay que adorar" que yo tan convencida estoy de que es lo correcto,... o se trata de gente buscando su propio camino?

Volví a la habitación. Conecté los datos. Dichosos datos y dichosos teléfonos móviles. Como me gusta pasar de ellos de cuando en cuando. En serio, puedo pasar 7 horas seguidas sin mirar el móvil. Yo de niña quedaba con días de antelación: "¡A las cinco en tal sitio!" Y, a las cinco, estábamos todas en ese sitio. Sin tener que mirar el móvil (que no había) veinte veces y cambiar de dirección otras veinte.

En twitter tenía veinte notificaciones. "Jo, pues sí que han escrito". Contaba nuevos seguidores. Uno decía "Siempre me quejo" ¿ein? ¡jajajaja! Entré en el perfil y le seguí. Otro decía "ojitos de ermitaño" ¿quién se pone ese nombre?... llegué a Dam... el budista. Hay un perfil de twitter de un chico o chica que pone frases.

La frase de hoy decía algo así como: "la atención en el presente reduce tu estrés. La melancolía y la mente dispersa te llevan a la ansiedad y al nerviosismo. No lo creas, pruébalo"

"Ahí va"

Noté algo un poco raro en el corazón o en lo que sea que no sabemos donde está pero que de vez en cuando se mueve. Es cuando decimos: "esto me ha llegado". Bien, como a base de meditar hay cosas que no hay forma de negarlas, me quedé pensativa.

"Pruébalo, pruébalo... qué casualidad. Que lo pruebe yo misma. Bueno, claro..."

Estaba haciendo la cama.

Tengo una mantita de oso la mar de chula. Ya es vieja. De repente, aquella mantita y aquella cama se convirtieron en lo más perfecto de mundo. Pasé la mano por la mantita sintiendo el tacto. Qué maravilla.

Luego me sequé el pelo. Cuando llevaba ya un buen rato centrada sólo en el momento presente, empecé a preguntarme si aquello servía como meditación.

Luego fui a la cocina y me puse a fregar una sartén.
Ahí me acordé de Jorge.

En ese silencio mental, me dije: "Debo de ser una persona a la que le gusta estar sola". Porque estaba hiper-feliz... 

(pues cuando estas con alguien también dices que estás bien con alguien...)

Eso en cursiva es mi pensamiento. En medio de mis discusiones mentales (siempre mentales, sino me encerrarían) aprendo. 

"Es verdad". Contesté mentalmente. Tenía pruebas de ello. "Entonces....¿entonces qué pasa aquí?!"

La cocina tenía mucha claridad. Por eso la reformé de color blanco. Y encima entra la luz. Y como da al Sur, buena parte del año veo la Luna. Una vez estaba tan blanca toda la cocina (había luna llena) que pensé: "¡Mi madre, ¿qué pasa aquí?!"

¿Y esa extraña paz interior?

¿Y ese silencio?

"Debe de ser por la cocina". ¡jajaja!

Repasé mis necesidades internas: ¿Necesitaba algo? No. ¿Quería algo? No. ¿Quería hacer otra cosa que no fuera lo que estaba haciendo? Tampoco. ¿Había algo mal? No. (que yo sepa).

Sólo fregaba la sartén.

"¿Fregar sartenes es el camino a la felicidad?" me pregunté mentalmente. ¡¡Yupiii!!

(todos tenemos días así....)

Me dijo mi pensamiento.

"Aah! Vale. Ya. Bueno... ¿y qué pasa si esto se prolonga en el tiempo. ¿Y si tienes muchos días así?"

Creces.

Y ahí me dio un poco la risa.

Creces. No creo que crezca, ya soy mayor. Como no crezca a lo ancho, porque otra cosa...

Seguí fregando la sartén. 
Pero confieso algo, vivir así... la verdad es que es maravilloso.

conclusión: ¿fregar sartenes da la felicidad y ayuda a eliminar bloqueos creativos? ¿qué es ese misterioso silencio mental libre de problemas y preocupaciones? ¿sois capaces de imaginar a Buda y a Jesus como seres humanos?

Estas y otras cuestiones... quizá nunca se sabrán.

Salud2!


El consejo de los tres: cuentos del niño mensajero.


Es un truco un poco raro, pero a veces, funciona llevar a mi ciudad imaginada los problemas, y debatirlos allí con mis dos personajes de apoyo. 

Así que allí estaba yo, como alcaldesa, exponiéndole a Memphis, la científica de la urbe y a ese otro personaje extraño con forma de niño con bandolera, repartidor de cartas, mis cuitas. Huelga decir que muy atribulada. 

Ella asentía con la cabeza. Pizarra en mano, bata blanca, daba la sensación de que me entendía. Él no soltaba prenda. Como la opinión que más me interesaba es la de él, al final insistí.

- ¿¡¡¡No vas a decir nada!!!!?

- ¿Qué crees tú que ha pasado?

 (¡Por fin!) pensé. 

- Lo que ha pasado es que salió a relucir el tema de la felicidad perpetua y, como yo no me expliqué bien, o él no me entendió, ¡pues tuvimos bronca! ¡Eso es lo que ha pasado! Y lo de que cada uno tiene una realidad.. ¡vale, entonces, ¿para qué buscar?! Si todo vale... pues... Entonces uno puede estar super disgustado por algo, pero si él  ve que es feliz... pues ya esta. O yo puedo ser super egoísta, pero si veo que soy una santa... entonces todo da igual. ¿no? ¿No hay Verdad?

Mientras le explicaba esto al cartero, pensaba también que seguramente el Muso no catalogaría de "bronca", lo de ayer. Es que yo necesito mucha armonía. (y que todos pensemos igual)

¡jajaja!

Me quedé callada.

Y al cabo de un rato, dije:

- Entonces, ¿me tiene que dar todo igual, no? Es la indiferencia y ya está...

Y el pequeño cartero, contestó:

- Es como cuando Cristina dijo lo de la calma y tú contestaste lo mismo, la indiferencia. ¿No te parece el mismo problema?

Jo. En eso llevaba razón. Son antecedentes largos de explicar. Quedaros con que le dije: "si me tomo esto con calma, entonces me deja de importar".

- Tengo que recordarte que no conseguí resolver aquel problema -respondí al cartero-, lo que hice fue cambiar las situación. No sé resolver ese problema, si vamos a ver "que me de igual" y "tolerancia", que supongo que es lo que tú,... y el Muso, me intentáis enseñar. Pero la verdad, ¡no veo la diferencia! Se supone que... hay un "algo" que es verdad, sino, ¿para que aprendo? ¿Acaso no me intenta enseñar él un Camino o una Realidad o una... percepción?

(**esto me recordó otra cosa, que tampoco viene al caso ahora)

El cartero se quedó callado. Memphis no decía nada. Creo que a ella no le interesa el Humanismo. A ella le interesan las ciencias. Y las cosas fáciles de entender.

De pronto, ¡tuve una idea genial! ¡El niño! Ese pequeñajo ya lo sabía todo. Con una sonrisa de oreja a oreja, me eché a sus pies.

- ¡¡¡Dime qué tengo que hacer!!!!

¿Para qué buscar fuera? ¿Para qué tener un maestro? ¡Si le tenía a él! Total, ¿no éramos, desde siempre, él y yo? ¡Pues ya estaba! ¿Y no venía el problema de no escucharle? ¡¡Pues solucionado!! 

- ¿Qué hago? ¡Tú dime qué hago y lo demás me dará igual! ¡Ya está, en modo burbuja! 

- Acabas de romper un puente con la Humanidad...

 -¡Sí, venga, si va a dar lo mismo! ¡total, aquí cada uno tiene su realidad! Tampoco hemos dicho que yo tenga que ayudarlos. Tampoco sé. ¿Qué hago? 

El niño se quedó callado laaargo tiempo. Y allí, en mi ciudad imaginada, en la casa consistorial, dijo:

- Di en voz alta que confías en el Muso.

- ¡¿QUÉ?!

¿¿Qué clase de solución era esa?? 

Sabéis... ni mis personajes me hacen caso.

- ¿Qué qué? -repetí.

¿Quién me manda a mí inventarme un cuento para resolver mis problemas?

- ¿Y eso por qué?

- Tú dilo.

- Jopetas, no.

- Querías una solución y sentirte bien.

- Bueno, pero eso... es una persona... y ¿no has escuchado todo lo que te he dicho?

El pequeño sonrió.

- A ver... de qué va a servirnos eso. ¡Si te estoy diciendo que los seres humanos somos complicados!

- ¿Qué intención crees que tiene?

- ¡Ayudar!

Vaya. Eso me quitaba un peso del corazón. Lo noté pero... seguí en mis trece.

- O a lo mejor le doy igual -añadí mirando al cartero-, piénsalo. Soy muy pesada. Y discutimos. No me debe nada... ¿y si le molestas? Igual hasta... 

- Él no te odia.

Me crucé de brazos. Era justo lo que iba a decir. Pero en realidad estaba vacío de significado. Ya sé, a estas alturas, que no me odia. También sé que no hay que dudar de su intención. 

- Sí, pero si aquí cada uno tenemos realidades distintas... qué más da todo. -añadí, enfurruñada.

No pienso decir eso en voz alta. Abandoné el cuento, abandoné la casa consistorial, me preparé el desayuno.

Me senté delante del ordenador.

Con la fuerte convicción de que, como siempre, todo eran un gran malentendido, pasé un rato meditabunda. Al final, dije: "Confío en..."

Y tiene... gracia. Funciona. ¿Todo esto es una crisis de fé?

Sonó el móvil. (Y esto es verídico) En la pantalla se iluminó un aviso de Whasap. Con el móvil bloqueado, podía leerse solamente:

más vale tarde que nunca.


FIN

 

 

 

Creative Commons License
contador de visitas para blogger por paises