Domingo 27: Taller de Escritura Creativa (Celta y además tenemos músicos)

Una vez más, los organizadores de Ciervo Blanco, nos complacemos en anunciar otro taller. Este en la librería La Lumbre. Y la temática: mitología celta, leyendas y mitos.




En este enlace podéis ver cómo funciona. Tenéis que mandar un cuento antes de que acabe el plazo (por favor, revisad bien la extensión, son relatos cortos)

Nos juntaremos el domingo, habrá actores de doblaje para narrar las historias, y el que gane se llevará un detalle.

De paso, ya que mis compañeros me lo han pedido, hablaré un poco de mi nuevo libro, que se llama Irlanda Mágica. 

Saludos!!!! 

Sueños que son historias: los nombres.

Madre mìa.
Viajar me hace soñar cosas raras y esta historia es lo mejor que he soñado en años...

No recuerdo còmo empieza, solo que era de noche y un lago. Estaba allì escondida y veìa a otros personajes. Algunos eran niños, o estaban disfrazados de niños, otro era adulto. Pero ninguno era humano. Junto a estos seres habìa luz aunque todo lo demás estaba a oscuras. No sé de donde venìa esa luz.

Al lado del lago habìa una casa.

- Pero ¿va a venir o no? -preguntò un personaje a otro.

Yo estaba escondida. Y la respuesta era no. Otro personaje protestò:

- ¡¡Para esto llego hasta aquì pasando entre los humanos!! -dijo. Y se agarrò el brazo porque se le estaba inflando como si llevara un disfraz.

Me escondì más de ellos. Una niña contestò algo al resto, muy tranquila. Y yo pensé en largarme volando y entonces algo me agarrò del brazo.

¡¡¡Qué susto!!!

Lo más parecido es deciros que se trataba del cartero de mis cuentos.

- ¿No querìas saber cosas? - me pregunto.

Miré el lago, yo seguìa escondida, y aquellos seres se iban a marchar...y yo seguìa escondida, y mirè al cartero y me solté de su mano. Y yo seguìa escondida y sonaron a lo lejos una sirenas y los seres se fueron y yo no me dejè ver. Una vez que se marcharon vi a otra chica, de pelo corto, que llegò hasta la laguna. En el sueño ella me conocìa y me llamò pero como estaba asustada deseé que se durmiera y se durmiò. Por tanto tenìa dos poderes: volar y hacer que aquella otra se durmiera.

Entonces llegaron otras personas. Gente normal, como yo. Humanos. Y hablamos y yo tenìa que ir a trabajar y alguien dijo: ¡ey, hay una chica en el lago! Y yo la ayudé a salir y le dije: "lo siento, me habìa olvidado de ti". Y me fuì a trabajar.

Mi trabajo era mi trabajo. Aunque tenìa que atender varias cosas a la vez. Volvì a ver al cartero que me miraba como diciendo ¿qué estas haciendo? Y yo le miraba como diciendo "Trabajar. ¿No lo ves? Soy una humana ocupada".

Habìa un borracho en una esquina, con una guitarra. Daba nombres a los trabajadores y cantaba. Pero era ... ¿malo? Escribìa tu nombre en una hoja de papel y...yo le ignoraba. Pero tengo la canciòn metida en la cabeza. ¡Qué pesado el borracho! Repetìa tu nombre una y otra vez. Cantaba a los humanos. Les decìa quiénes eran. Pero era falso, solo eran nombres.

En un momento dado, casi al final, me agarrò de la muñeca y se dispuso a cantar y como el sueño iba de esto, de los nombres, casi me vuelvo loca (tanto no) pero me aparté de él:

- ¡¡Déjame!!-dije.

Comenzò con su canciòn mientras escribìa mi nombre en un papel. Y me perseguìa.

- ¡¡Que me dejes!! ¡¡Cállate de una vez!! ¡¡Yo no necesito un nombre!! ¡¡Que te calles!!

Jo si estaba alterada. Al girarme descubrì al cartero a mi lado.

- Ayùdame-le pedì.

Esos nombres eran falsos, aunque sea mi nombre real, eran como cárceles.

El cartero de mis cuentos (ya os dije que escribo de él porque aparecìa en mis sueños) sonreìa y no parecìa alterado. Me contestò:

-¿Quieres librarte de él? Pregùntale cuál es su nombre.

- ¿Còmo te llamas?

El borracho se detuvo. 

- ¿Yo? -preguntò, arrastrando las sìlabas.

- ¡Sì, tù! ¿Cuál es tu nombre?

- Mi nombre...-se echò hacia atras, creì que se iba a caer al suelo con su guitarra. El niño mensajero sonreìa. Qué poderoso parecìa y a la vez que humilde es- Yo soy...

Dijo el borracho.

- Yo....

Añadiò. Comencé a sentir que todo el sueño se venìa abajo.

- Yo me llamo...soy....yo...

Ruidos fuera del sueño. Muy aliviada, me desperté.

Caramba.

Sueños que son historias: los dos gatos.

He tenido un sueño rarìsimo hoy. No recuerdo casi nada, salvo que tenìa que ir de un sitio a otro (una casa, quizá) y junto a mi habìa dos gatos muy pequeños. Y una sábana o manta o algo sobre una alfombra, tapándola. Los gatos eran muy pedigüeños y no dejaban de maullar. Se colaron bajo la manta pero cuando me di cuenta de que tenìa que irme, agarré a uno y me clavo las uñas. 

- ¡¡Ay...!!

Le soltè y se escabullò. Atrapé a otro que clavò las uñas en la alfombra o moqueta. Y se quedò enganchado. "Miau, miau, miau, miau..."

Yo tiraba de él y sus diminutas uñas clavadas en la tela. El otro, claro, no se iba lejos: te subìa por una pierna, maullaba, se escondìa.

-Venga... -dije yo-. Que tenemos que irnos y no puedo dejaros aquì.

Miau. Miau...miau...miau...mmmiau.

- Suelta de una veeez... -dije. Uno en cada mano, pero nada. Enganchados, enredados, inconscientes...gatitos ignorantes a fin de cuentas. No se querìan quedar, pero tampoco me dejaban llevarlos conmigo.

- ¡¡Dejaad de quedaros enganchados a las coooooosssaaaassss!!

Los solté. Era inutil. La naturaleza les otorgò esas uñas diminutas en forma de garfio.
Y me desperté.

Luego, claro, horas más tarde, un gato callejero de tres colores (gran casualidad) cruzò por un paso de peatones delante de mì y yo lo seguì con una mirada intensa que él ignorò hasta que se perdiò al otro lado de la calle.


Explorar versus miedo...

Una de las cosas que más miedo me da es conducir. No es que conduzca mal. La primera vez que monté en un coche, el profesor de autoescuela me dijo "tù ya has conducido antes, ¿verdad?". Le dije que no y no me creyò. Y yo le expuse una teorìa de locos en la que defendìa...jajajaj!, que si un antepasado mìo conducìa bien eso se transmitìa en los genes. Años después pensè que era una estupidez. Al poco de empezar las clases me entrò el miedo y... Ya no se me fue. Pero me pasan cosas raras, como aparcar a la primera un dìa que le dije a "esa otra parte de mì", más intuitiva: vale, pues aparca tù. Y en un solo movimiento aparqué. Sin embargo...yo hago 5 maniobras en el mismo lugar. No sé. Es un poco raro. Digamos que hay una parte que solo conduce y siente y hay otra pensadora que no para de anticipar tragedias y ponerse de los nervios. Si a este còctel contradictorio le añades una situaciòn de peligro...te encuentras con que las dos partes hablan a la vez lo que te hace perder unos segundos de reacciòn...que son preciosos. Bueno, una de las partes no habla. Solo está. Y cuando es necesaria indica el camino de manera muy elocuente. Aùn sin palabras.

Bien. Recientemente y por motivos que no vienen al caso me he visto en a tesitura de tener que aprender caminos nuevos. Cosa que me da pavor. Pero lo logrè y eso causò algo que no me esperaba: me sentì muy bien conmigo misma. Lo que hace que piense que a veces el esfuerzo vale la pena. Aunque sea un esfuerzo tremendo. Es como subir una escalera con miedo a las alturas.

He viajado mucho y soy curiosa pero me da miedo explorar. La gente de varios ámbitos me ha dicho: "Nelly llega, ve, se entera de que va la cosa y luego desaparece..." y es verdad. Me fui a Japòn pero... ¿por qué no me aprendo el camino con el coche hasta la sierra? 

No me gusta perderme.

¿Còmo salir entonces de tu cìrculo estando segura? Bueno, conduciendo por la carretera con las manos muy apretadas en el volante tanto mi parte pensadora como la otra convinimos algo: no importa la carretera, se conduce igual. Conducir es conducir y tù sabes conducir....

Dicho de otro modo, no conoces el camino pero te es familiar caminar...¿no? El proceso...pues eso puede servir para superar un temor. Es que si algo te da miedo y no lo ves de otro modo...te va a dar miedo siempre. Salvo que logres otra experiencia de ese algo.

Jo, qué filosòfica estoy hoy.
Saludos!!!

Nelly... y los negocios.

"Quiero montar una panadería*", "¿Cómo funciona un restaurante?", "¿tú que empresa pondrías si pudieras montar una?" . (*y escribió: La boutique del pan - ganador de un Certamen literario)

- Nell...

- ¿Sí?

- ¿Te puedo hacer una pregunta?

- Pues claro.

- ¿Por qué siempre estás montando negocios?

- ¡jajajaja!

No lo sé. La verdad es que los silencios eran rellenados con ideas peregrullas sobre negocios imposibles. Planes de acción, ideas, marketing, beneficio, etc. Obviamente, nunca me he dedicado a ello. Ni ganas, no os penséis. Pero acabo de tener una conversación muy divertida y tanto el que compra como yo hemos llegado a la misma conclusión:

"En Japón una figura que aquí vale 300 euros allí vale 38 porque no tenía caja"

Sin embargo, contesté: "una manzana vale 3 euros"

Soy yo... ¿o alguien más ve la posibilidad de negocio? Es "curiosísimo". De hecho... es sorprendente. Si yo llevara un cesto de manzanas a Japón, lo que aquí vale cinco euros, allí sería equivalente a 250 euros. Sin embargo, aquí pagan por figuritas una cantidad desorbitada y allí las tienes como churros. Y además preciosas.

Acabo de descubrir el comercio.

jajajaj!

Vaaaale. Sólo digo que es curioso, que es "lo que a mí me sobra a ti te hace falta". Yo quiero manzanas, tú quieres figuritas. Yo no puedo usar unos pendientes porque me dan alergia (mucha alergia) y tú estás buscando un regalo para tu sobrina. 

Es un mundo de posibilidades.


Mientras oteo el mundo os dejo unas frases para pensar:


"No hay más que una manera de ser feliz; vivir par los demás" (/León Tolstoi)

"No existe posesión de mayor aprecio que un amigo de verdad" (Erasmo de Rotterdam)

"El alma se conoce por sus actos" (Santo Tomás de Aquino)

Feliz Lunes!!!




La extraña noche de fiesta...

- ¡¡Nos vamos de fiesta, Nelly!!

Nos juntamos tres viejas amigas, y la noche comenzó con mucho enfado. Me lo dijo alguien: "Nelly, estás enfadada". Me costó tres paradas de metro darme cuenta. "¡Sí, sí que lo estoy!"

Por motivos que no es importante reseñar aquí. 

Llegaron mis amigas. "¡Te tengo que contar!" "¡Yo también!" "¡y yo!". 

- Es que... -comencé yo.

Tuve que reconocer que mi tono de voz sonaba.... de lo más quejumbroso. "¡Es que son todos iguales!" Luego habló otra de mis amigas mostrando su aquiescencia; entramos en un restaurante y seguimos hablando y hablando más. Y más. "Qué curioso que sean circunstancias tan parecidas" pensé. En un momento dado, de fondo, empezó a sonar una canción. 

Seguí hablando y protestando pero algo cambió de repente. Y las miré a ellas y me pareció que... el cambio era común. Persistí en ignorar lo que estaba sintiendo con aquella canción desconocida mientras criticaba hasta que ya, en un movimiento de melodía similar a una ola, dejé de lado mis quejas y busqué mi móvil:

- ¿Alguien sabe lo que está sonando? Es que es...

Tan increíblemente hermosa sonaba la canción que se abrió camino entre nuestra marea de quejas, y vi que mis dos amigas sonreían:

- ¡¡A mí me encanta también!! -dijo una de ellas.



Cuesta explicar cómo cambió la energía del ambiente en un momento. Seguimos quejándonos pero nos reíamos. Ya no era igual. Ya era como un "nos alegramos de estar aquí quejándonos de ellos". Y todas buscamos la canción en el móvil:

- Se llama "Rayo de Luz" -dijo una amiga.

- ¡No, es ... el poder del amor! -dijo la otra-. Yo la escuchaba mucho.

Venga a buscar y buscar.

- Es Madonna.

- ¿¿Es Madonna?? -repetí yo. Jamás había oído esa canción-. Sí, la voz... vaya.

- No es "rayo de luz" -dijo una de ellas-, es El poder del adiós.

Levanté la mirada.

- ¿El poder del adiós? -repetí-, ¿en serio?

Cuando la encontré en Youtube me hizo gracia: "Your hearth is not open, so I must go..."

Llevábamos casi una hora quejándonos de ellos, enfadadas con ellos, decididas a pasar de ellos. Y la canción empieza por "tu corazón está cerrado". Miré la pantalla del móvil como si fuera...algo que no es. Como si fuera una señal.

La escuché entera una vez más mientras hacía la cola del servicio de mujeres. Los hombres no saben la cantidad de tiempo que ahorran por no tener que ir a los baños de chicas. Es una barbaridad.

Luego salimos y nos dirigimos a la fiesta. Todavía teníamos la canción en la pantalla del teléfono.

("Esto va a ser una obsesión") pensé. A veces me da por escuchar una canción y puedo ponerla como setenta veces seguidas. Pinto con ella, escribo con ella, la escucho una y otra vez. Luego se me pasa. Hay un libro de Conny Willies que estudia el inicio de las modas. Sería interesante ver lo que "se pone de moda para mi cerebro", cómo, cuándo y por qué.  

Una mujer saltaba descalza en el escenario. Pero no nos llamó mucho la atención. 

- ¿Queréis bajar hasta el parque?

- ¡Vale!

Caminar por la ciudad en la que vivo es muy curioso. Sobre todo cuando la conoces. A la altura del acueducto de Bailén (escoltado por muros transparentes para evitar los saltos) miré hacia la derecha. Algo me hizo mirar hacia la derecha. Y toqué la mampara.

(...

"Es la altura" pensé. Pero pensé en ella como si fuera una vieja amiga. 

Mis amigas se quedaron paradas. Una chica, con un pelo larguísimo, muy, muy largo, cruzó por delante nuestro y se dio (al parecer, yo esto no lo vi, yo solo vi como se recuperaba del golpe) contra el cristal. Cuando yo la miré estaba quitándose el pelo de delante de la cara. Le llegaba casi por la cintura y le cubría todo el rostro. Parecía una sombra.

Mis amigas estaba perplejas y paralizadas. Una me lanzó una mirada significativa.

- ¿Qué? -le pregunté por lo bajo.

- ¿Lo has visto? -me preguntó-, ¡lo ha hecho a posta!

(¿Quéee???????????????)

Miré a la chica. Se acercó de nuevo al cristal. Y luego se perdió entre la gente. Estiré el cuello mientras seguía caminando para intentar comprender qué intención podía tener pero no pude averiguarlo. Sólo sé que caminaba de un modo muy raro. Parecía triste. Aunque ahora que lo pienso igual sólo se había despistado. Quizá no sabía que allí había un cristal. Es triste tener un puente tan bello y tener que ponerle un cristal. 

Llegamos al parque. Allí sonaba música electrónica. 

- ¿Sabéis una cosa? -les dije a mis amigas-, en este lugar yo bebí más de la cuenta hace muchos, muchos años...

La verdad es que casi lo había olvidado.

- ¿En serio? -preguntó una amiga entre sorprendida y divertida. 

Fue un experimento científico de lo más tonto. Nada parecía haber cambiado. La misma fiesta, la misma aglomeración, los mismos suelos repletos de zapatos apretujados y el mismo bar, con las mismas canciones de antes. El mismo olor a tabaco en el aire. 

"A los seres humanos nos gustan las aglomeraciones de vez en cuando" pensé.

Y pensé también en esos años en los que parecía que no había nada más... que ese parque. Qué mundo tan pequeño. Mientras caminaba entre la gente  me pregunté: "¿Y qué hago yo aquí... si estoy en contra del botellón?"

Lancé la pregunta a mi "yo" interior pero estaba mudo. Y no me refiero a ausente sino a opaco. "¿Cómo compaginas esto con la critica al botellón?" pensé. Vi niños que se tapaban las orejas por el volumen de la música, vi a estudiantes -como lo fuera yo-, vi a padres y madres y vi a mucha gente colocada. Si hay algo que no soporto es el humo del tabaco, y de lo que no es tabaco.

"Reconoce que no quieres estar aquí" me dije.

Pero mi "yo" interior no decía ni pío. Sí que fui consciente en un momento dado de la noche de que me resultaba más fascinante la forma triangular de las hojas de los árboles que sufrían el ruido del concierto, que lo que ocurría en el escenario. Se derramaron algunas copas, la gente bebía de vasos y botellas, el ambiente estaba cada vez más cargado. Yo miraba a los chicos de quince años, a los universitarios y me veía a mi misma hace... más de una década.

"No saben que hay mucho más" me dije. Tampoco lo sabía yo. De pronto era todo tan ridículo que daban ganas de reír. ¡Qué absurdo! Antes era tan emocionante... antes era tan... excitante. Y ahora solo era... una fase.

Sabes que te haces mayor cuando te sientas en el césped y empiezas a preguntarte cómo vivirán los vecinos del barrio durante las noches en que todo es fiesta y no les dejan dormir.

 Empezamos a hacer bromas. Antes hacía mucho el payaso. Mis amigas se echaron a reír. Yo me reía de nosotras mismas, de todo lo que me rodeaba. Hasta que decidimos irnos. 

- ¡Y yo voy con una lata de cerveza! -dijo una amiga.

Pasábamos delante de unos agentes de policía.

- Sí, pues si yo les dijera que soy budis....

Aquí pasó algo curioso. Me tropecé con una piedra, un adoquín, y fue de lo más absurdo porque se dio la vuelta. ¿Os imagináis pisar una baldosa de la calle y que de la vuelta completa? Hizo un ruido terrible. Llamativo y terrible. Y entonces mis amigas, con las que yo me estaba metiendo por la música y el alcohol, corearon entre risas:

- ¡¡Nelly, ¿qué haces? ¡¿actos vandálicos?! ¡Nelly, que rompes la calle!

Me puse roja como un tomate. Recuperé el equilibrio. Pensando: "esto me pasa por bocazas" y por meterme con ellas. Y como no podía ser de otra manera, desanduve mis pasos, recogí el adoquín. Le di la vuelta pensando que jamás se me habría ocurrido que aquella noche tuviera que darle una vuelta a una baldosa del barrio de las Vistillas para volver a colocarla en su sitio. Y me erguí de nuevo en medio de un silencio que a mi me pareció solo podía preceder a la llamada de atención de un policía.

Me apresuré de nuevo hasta donde estaban ellas y pensé de un modo vago: "¿soy yo... o he estado a punto de decir que soy budista?". En serio, estaba diciendo: "...cómo compagino esto con que soy budis..." y justo entonces pasó lo de la piedra. Hum. Raro. Por si acaso, mejor no bromear con eso.

Salimos a paso de oruga de la aglomeración. Caminamos sobre nuestros pasos por el acueducto de Bailén. Llegamos al Ayuntamiento. Saludé sigilosamente a la estatua mientras pasábamos a unos cuantos metros del jardín desierto en el que estaba puesta. Llegamos a Sol. Montamos en el metro.

A la 1:09 miré el perfil de una de mis amigas.

La última vez que se había conectado era a la 1:08.

Ella no vino con nosotros a la fiesta. Es otra amiga. Una de la que ya os he hablado. 

Esto podía ser divertido.

Escribí:

"¿Vas en el metro?"

Somos vecinas. Mi amiga contestó al instante: ¡Me acabo de bajar!

Contesté:

"Estás en XXX, ¿verdad?"

Mi amiga en seguida me siguió el juego: ¿¿¿tú también??? preguntó.

Bueno, mi poder intuitivo no llegaba a tanto.

- Creo que voy un metro por detrás tuyo -dije. En realidad, sólo había usado mi ... bueno, yo que sé. A fin de cuentas, vivimos cerca. Era casual y probable que volviera a la misma hora que yo.

El metro llegó a la estación.

"Baja! Estoy en el anden, baja!"

Pero yo quería seguir a mi parada. 

"No, da igual"

"Pero baja"

No la vi y no bajé. En serio, quería llegar a casa. Mi parada es la siguiente.

((¿:::?))

Eso entre paréntesis venía a significar un "quieres jugar un poco más?".

Le escribí:

"Llevas tacones oscuros"

jajajaja!!!

Mi amiga contestó: "Tía, de verdad yo flipo contigo. Espérame".

Le dije a mi yo interior: "(¿qué más veo?)"
Pero sólo veía algo naranja y verde.

Me bajé en la siguiente estación y esperé. Titubeando. De repente vi una figura blanca corriendo desde el otro lado de la calle. Era mi amiga.

Llevaba zapatos de tacón de aguja negros.

Jamás se los había visto y, si alguno está pensando en poderes mágicos.... Pues ya os digo yo que no existen.

Sólo es casualidad, jajajajaj!!!!!!

Y colorín colorado, esta noche de fiesta se ha terminado!!!!

Sueños que son historias: la garza real.


Extraña historia se ha inventado mi cabeza mientras dormía. Comienza con que me voy de vacaciones. Cerca del mar. Y tengo un perro. El perro a ratos parece Pancho (el perro de la lotería) y a ratos un cocker spaniel con las orejas al viento mientras mira hacia el océano.

Decidí salir a dar una vuelta y cuando abro los ojos de nuevo estoy (estamos, éramos varios conocidos) en una tienda de colchones. "¿Y esto? ¿Por qué estoy durmiendo en una tienda de colchones?". Uno de los que aparecen en el sueño me contesta: "Es que nos encerraron dentro".

- ¡¿Cómo?!

Y entonces llega en encargado. Y dice:

- Mis disculpas. Lo lamento muchísimo, no sabíamos que había clientes y....

Claro, habíamos dormido todos en la tienda. Le dije al encargado:

- ¡¿Pero le parece normal cerrar la tienda con gente dentro?!

Y contestó:

- Por lo que les ha pasado van a tener colchones gratis los próximos veinte años.

(¿en serio? me pregunté mentalmente)

- Eso sí, de exposición.

(¡Ah, de exposición! ¿Quién quiere un colchón de exposición? )

Por si la historia no fuera lo bastante surrealista, nos fuimos todos a pasear y yo iba pensando: "¿un colchón de exposición no vale...?" y mi pensamiento me contestó con una idea. Venía a ser: tú vas a una tienda, esperas a que un colchón nuevo sea puesto como exposición y dices: ¡este, quiero este! jajajaja!  Así era nuevo.  Y no de exposición. O buscas una excusa para que te lo cambien porque le dices al dependiente: "oiga, este se ha manchado". Entonces él lo cambia y ¡zas! les enseñas el papel donde dice que tienes derecho a colchones gratis...

Me senté en un banco. En un parque con árboles. Y me puse a mirar fotos de las vacaciones. Una de ellas me llamó la atención, era el perro mirando el mar con las orejas al viento. "Si no fuera imposible diría que está disfrutando de sus vacaciones como un ser humano..." pensé. Y trataba de dilucidar qué miraba cuando escuché unos pájaros. Alcé la cabeza. 

"Pinzones".

Eran pinzones. Y pinzones negros. Es raro que sepa el nombre, ¿eh? Tuve un pasado de ornitóloga.

- Qué raro... -me dije-, ¿qué hacen aquí?

Estaban arrancando ramitas. Hojas. Por cientos. 

Y entonces pasó un pájaro blanco por encima. Posiblemente una garceta. Sólo que el pico era naranja (qué casualidad, mientras escribo esto se pone a cantar un pájaro en mi ventana). El canto del pájaro era muy bonito y muy agudo pero al verlo cruzar el cielo sobre mi cabeza, me dije:

"¿Ves? Es un canto precioso pero es muy probable que sea una alarma. Los humanos lo vemos bonito pero semejante canto... es un aviso".

Y, efectivamente, todos los pinzones se fueron volando. Todos. Me quedé yo sola en el parque. Y al poco miré hacia arriba y vi una garza real. Volando. Pero muy, muy, muy, muy grande. De hecho, no sería la imperial por los colores, pero tampoco era una garza normal. Y detrás iba un águila pescadora.

Es mi favorita, de todas las águilas. Pero si eres una trucha o un salmón seguro que no te gusta un pelo.

Yo ya he visto un ave rapaz cazar al lado mío porque se lanzó contra una bandada de palomas que, prácticamente, se me echaron encima para evitar al animal y ... bueno, fue bastante impactante. Tanto cómo caía el águila desde el cielo, con las garras por delante y las alas plegadas como en una V. Y por el sonido del aire cuando todas aquellas alas asustadas cambiaron de dirección. Pero sobre todo fue el ZZZUUUUUUMMMMMMM del pájaro predador. Nadie te dice que esos pájaros hacen ruido cuando bajan desde el cielo. 

Me puse en pie mientras el águila caía en picado y la garza, como podía, huía delante de ella.

Yo pensaba, por una parte, "debería intervenir. ¡Intervengo! ¿?" Pero por otra no. Veréis, es como si un gato va de caza y ... claro, por un lado te da pena pero por otro... no creo que se deba intervenir. El águila está buscando su sustento. Aún así, me levanté, eso lo hice de modo inconsciente.

A menos de un metro del suelo vi a la garza darse la vuelta (lo cuál me produjo mucha pena) y poner las patas hacia el águila como si fuera a defenderse. Si una garza se da la vuelta y pliega las alas, como os podéis imaginar, ya de volar nada. Era como un acto defensivo. Me dio una pena tremenda.

Entonces llegaron al suelo y se oyó. ¡clic!

El águila se transformó en un ser humano. Yo me acerqué corriendo. El "clic" era que había cortado una cuerda que ataba las patas de la garza. 

Me quedé de lo más perpleja. 

- ¿Pero qué...? ¿¿??

- ¿Creías que le quería hacer daño? -me dijo aquel... chico-. No nos dedicamos a eso.

Lo dicho, yo seguía perpleja.

- Nos dedicamos a liberarlos -me dijo.

Echó a andar y yo corriendo detrás de él. ¿¿Pero quiénes sois, un grupo ecologista??

Y entonces me desperté. Curioso JAJAJAJA!! Me despertó la vecina haciendo ruido con las cuerdas de la ropa. No sabéis lo que chirrían.


Feliz jueves!!!!


 

 

 

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