Érase una vez un "salto cuántico"

Estaba Nelly sentada frente a la pantalla del televisor, curioseando la vida cuántica de los átomos y sus partes. Al ser estos diez millones de veces más pequeños que un metro, no los podía ver, ni siquiera con el microscopio más potente del mundo. 
- ¡Fíjate qué chiquititos y toda la materia está compuesta de ellos! -se admiró la Alcaldesa.
Un gato de color perla se frotó contra sus tobillos, ronroneando.
- ¡Qué cosas tan curiosas!
El presentador del programa divulgativo mostró un esquema del funcionamiento de un átomo. A su alrededor orbitaba un solitario electrón, pues se trataba de un átomo de hidrógeno. No tenía más que una de esas partículas dando vueltas alrededor del núcleo. 
- Y esto es un salto cuántico -dijo el presentador.
Las cejas de Nelly se elevaron bajo su flequillo y se incorporó en el sofá con mudo asombro.
- ¡Acaba de desaparecer!

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- No sabemos porqué los electrones dan un "salto cuántico" hacia abajo, -dijo el presentador mirando a Nelly-, pero sí sabemos que cuando se les da energía, un fotón, dan un salto cuántico "hacia arriba". Su órbita se vuelve más grande.
- ¿¿Pero es el mismo electrón?? -preguntó Nelly a la pantalla-, ¡¿están seguros de que es el mismo electrón?!
Aquella diminuta esfera azul que bailaba dejando una estela se movía en órbitas caprichosas. Ahora estaba aquí, ahora allá, no había forma de pararlo.
Absolutamente desconcertada, la Alcaldesa mandó llamar a Memphis, conocida científica de la Ciudad de los Cuentos, y al cartero, un misterioso niño de mirada franca, ojos redondos, pelo rizado y maneras misteriosas.
- ¡Quiero saber cómo funciona un electrón! -exclamó la Alcaldesa-, ¡¿por qué aparece y desaparece?!
Memphis, que llevaba puesta su bata blanca, acercó una pizarra con ruedas del mismo color al centro de la estancia. 
- Bien, sabemos que la energía afecta a su órbita, luego el electrón se desvía por aquí -comenzó a escribir fórmulas a la par que consultaba su teléfono móvil-, y debo buscar referencias sobre el asunto... Bibliografía.... análisis...
Impaciente, la Alcaldesa estaba de pie frente a ella, con las rodillas ligeramente flexionadas, los hombros elevados, las manos apretadas. Parecía una esquiadora a punto de lanzarse por un tobogán helado. En su rostro una sonrisa llena de impaciencia. Comenzó a dar golpecitos en el suelo.
- ¿Y bien?
- No lo sé, Nelly, los electrones giran en torno a los átomos como los planetas en torno al sol...debe haber una explicación científica para ello.
En ese instante, Nelly se volvió hacia el cartero, quien se mantenía en silencio con los brazos cruzados.
- ¿Tú lo sabes? -preguntó.
El niño no dijo nada.
- ¡Oh, vamos, ¿lo sabes?! ¡Dímelo!
- ¿Por qué quieres saber cómo funciona un electrón?
- ¡¡Porque acaba de desaparecer ante mis ojos!! ¡Y las cosas no desaparecen y reaparecen! ¿A dónde ha ido? ¿Dónde está mientras no lo veo?
Memphis llenaba la pizarra de números. Empujó el puente de las gafas gruesas sobre su nariz y siguió muy concentrada buscando una explicación al misterio.
- De acuerdo, ¿qué sabes del "electrón"?
- Que es algo que da vueltas alrededor de un núcleo. ¡Cómo los planetas!
- A los planetas los une la gravedad, al electrón la energía. ¿Qué más sabes?
Nelly no estaba segura de saber qué significaba eso de la energía.
- Sé que aparece y desaparece. ¡Magia!
A los labios del niño mensajero asomó una sonrisa. 
- ¡¡Si lo sabes explícamelo de una vez!!
- Consideras el electrón como "algo" físico. Independiente y sólido. Imagina ahora que el electrón fuera una "causa" de otra cosa.
- ¿Qué cosa?
- La energía que recibe el átomo.
Nelly adoptó la postura de un gran pensador. Se frotó la barbilla, bajó la mirada hacia el gato que se rebozaba en el suelo con movimientos adorables, esperando que alguien le diera de comer. Memphis dejó de hacer cálculos y se acercó al cartero. ¿Qué podía saber aquel niño de física cuántica?
- Si el electrón no es algo, sino "causa" de algo...
- ¿Sí?
- Entonces no sería tan raro que apareciera y desapareciera... -finalizó la Alcaldesa.
Al cabo de unos instantes, la mirada de Nelly se iluminó.
- ¡¡Hala!! ¡Por eso aparece y desaparece! ¡El electrón es consecuencia de algo! Pero espera un momento, ¿entonces el electrón no tiene materia?
El niño mensajero consultó su reloj. No solía llevarlo pero mira qué casualidad justo aquel día, sí que tenía uno alrededor de la muñeca. Sin manecillas, curiosamente.
- Me tengo que ir, Nelly...
- ¡¡Espera, espera!! ¿Y qué pasa con la velocidad de la luz? ¡¿Qué pasa si soy un fotón y voy a la velocidad de la luz?
- ¿Qué pasa?
- ¡El Universo! ¡El Universo estaría quieto! Si soy tan rápida que todo lo demás está parado, o mejor dicho, si todos los fotones van a la misma velocidad entonces todo está quieto. ¿Qué pasa con el tiempo?
- El tiempo no existe -contestó el niño mensajero agarrando el picaporte de la puerta-, es la "medida del cambio".  
Y tras aquella enigmática afirmación, se marchó.
Dejando a una patidifusa Alcaldesa y a una desconcertada científica detrás. 
- ¿Tú crees que está loco? -preguntó Nelly a Memphis.
- Yo creo que sabe más de lo que cuenta.
- Ya, me da la misma sensación -dijo la Alcaldesa-, ¡menos mal que tenemos la ciencia para guiarnos!
- ¡Eso, menos mal! -exclamó Memphis.
Y se volvió hacia el galimatías incomprensible que había pintado en su pizarra.

FIN.

3 comentarios:

julia villalba dijo...

Precioso

Lady Ovejita dijo...

Menos mal que tenemos a los científicos, Nelly, porque yo soy de letras puras y me suena todo a chino. Muy divertido, eso sí.
Un besote enorme.

David Hernando Arriscado dijo...

Que Nelly pregunte al cartero sobre la teoría de cuerdas y nos lo explique tan bien como en este cuento. Viva la ciencia (cuando se entiende Jaja)
Muy chulo!!

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