La "conexión" -Cuentos del niño mensajero.

Algunas veces, la Alcaldesa de la Ciudad de los Cuentos se mostraba muy impaciente:

- ¡Memphis! ¡¡¡MEEEEEMPHIIIIISSSSS!!!!!!

Algunos vecinos se volvieron, curiosos, al escuchar los gritos que salían de la casa consistorial. Era un hermoso día de invierno, de cielos despejados y calles frías. El sol comenzaba a descender.

- ¡Memphis!

Al poco rato, la científica más brillante de la urbe fue vista atravesando la plaza octogonal, en dirección al Ayuntamiento.

- Hola, Nelly - saludó-, ¿qué ocurre?

- Tengo una consulta -respondió la Alcaldesa-, ven, acércate. Quiero analizar una experiencia que me ha pasado. Es un hecho misterioso y raro.

- ¿Analizar una experiencia? -repitió Memphis, empujando el puente de sus gafas sobre la nariz.

- Sí, quiero analizarla... científicamente.

- ¡Ah!

Eso era otra cosa.

- ¿Cómo se llama el fenómeno que ocurre cuando alguien te conoce tan bien que parece que está dentro de tu cabeza? 

- ¿Cómo?

- Sí, ya sabes... Cuando alguien dice algo y parece que te ha leído la mente. O de pronto sientes que todo es diferente o te abre una nueva perspectiva del Universo...

El entrecejo de Memphis se arrugó como una tela cuando tiras de un hilo.

- ¿No sería mejor llamar al mensajero ese...? Por lo que dices, la duda no es de mi campo...

- ¡No! No, no, no, no. Esto es ciencia. Tiene que ser ciencia. 

Memphis se rascó la oreja, poco convencida. Luego, se acercó a un estante y sacó un libro muy grueso, titulado: "La Gran Nelly-Enciclopedia del Saber". Un solo tomo. Compendio del Todo el Universo Conocido. Arte, gramática, geología, literatura. Todo.

- Bien, veamos -dijo pasando las hojas-: "gente maja", "gente que lee el pensamiento", "esoterismo..." ¿es eso lo que buscas? 

- ¡No! ¡Concéntrate, Memphis! Hablo de una emoción que sin duda requiere de sustento químico, científico, cuantificable y lógico.

- Bueno, bueno, ... tampoco hace falta ponerse así. Veamos, ¿telepatía?

- ¡Tampoco!

En ese instante llamaron a la puerta. Nelly fue a abrir.

- ¡Qué bien que llegaste!

Era, por supuesto, el niño mensajero. Pero no dijo nada, ni siquiera saludó. Solo paso frente a ellas, se dirigió a la mesa, abrió el libro por un apartado creado hacía cinco años más o menos, y bajo la rúbrica: "Muso" , señaló lo que se podía leer: Inspiración que siente el artista y que estimula o favorece la creación o la composición de obras de arte; esta inspiración suele representarse personificada. Masculino de Musa.

- Aunque un "muso" en verdad es un ser etéreo que carece de género... -les recordó a ambas.

La Alcaldesa y Memphis exclamaron a la par: 

- ¡Aah!

- A propósito, Nelly, ¿no ibas a escribir una entrada sobre buenas acciones?

-¡Luego! -respondió la aludida-, esto es más interesante. Y tengo que aclararlo antes de que se me olvide. Esa... esa extraña sensación. Ese... momento raro. ¿Qué es lo que pasa realmente?

El niño mensajero resopló y se sentó sobre la mesa.

- Me pediste algo y te lo traje. ¿Qué quieres ahora?

- ¡Pues quiero entender!

La que no entendía nada era Memphis. Tras investigar la cuestión planteada usando todos parámetros conocidos de la ciencia: física, química, geología, astronomía, matemáticas..., suspiró con fastidio. No entendía la pregunta de la Alcaldesa. Y eso que la enciclopedia del saber era un libro muy gordo. Más de tres décadas de sabiduría almacenada.

- ¡Lo tengo! ¡Psicología! -dijo resuelta-, me preguntas por el concepto conocido como "crear sintonía". ¿Verdad? Dos personas que se conocen muy bien, y una de ellas es capaz de "sintonizar" con la otra...

- ¡Ah, pues no sé!, no sé -respondió Nelly-, vamos a ver... Debe ser eso, ¡sí! ¡Busquemos "sintonía"!

Las hojas del libro volaban veloces ante su atenta mirada.

"Sintonía" leyó Memphis en la enciclopedia, "igualdad de frencuencias entre objetos con antena..."

El niño mensajero no dijo nada, pero Nelly se echó a reír con la ocurrencia que le vino a la mente.

- ¡Pues no es eso! -respondió-, ¡yo no soy ninguna radio!

Llegados a este punto, sin más pistas para descubrir el misterio, las dos miraron al niño, esperando una aportación.

- Temo preguntarlo, Nell, pero, ¿qué es lo que quieres saber realmente?

La Alcaldesa se rascó la frente, la barbilla, apoyó el peso de su cuerpo sobre una pierna, luego sobre la otra, luego se cruzó de brazos. Después, miró al cielo, y por último posó de nuevo los ojos en el pequeño cartero. 

- Quiero saber qué ha pasado. Hoy, cuando hablé con el Muso. Quiero saber porqué pasan las cosas que pasan cuando hablo con él, que todo parece que tiene ... es decir, todo se vuelve... de pronto es como si...

El niño guardó silencio. No era una pregunta sencilla. Ni siquiera sabía plantearla.

- Una vez -continuó Nelly-, hace muchos años, cuando trabajaba en una librería me pasó algo parecido. ¿Qué es lo que pasa cuando pasa eso? Ya sabes de repente es como si tu... 

- Vaya forma de plantear una duda científica -añadió Memphis-, yo no le entiendo nada...

- Habla de una conexión.

- ¿Y si traemos acá a ese "muso" y que lo explique él? Quizá tenga algún otro dato científico cuantificable. Quizá nos pueda decir si la Alcaldesa habla de metafísica, de ciencia, o a saber de qué habla...

- Habla de perderse a sí misma... Habla de "descentrarse". Dicho en términos mundanos: la mueve de donde está.

Las dos preguntaron a la vez:

- ¿¿¿De qué??? ¿De-qué-qué?

El niño mensajero paseo arriba abajo por la habitación. 

- Jugemos a los detectives -dijo- qué fue lo que pasó cuando pasó algo similar, hace tantos años...

- Tuve la misma idea que la persona con la que hablaba. De tal manera que los dos pronunciamos a la vez una idea, pero fue muy raro porque no tenía claro a quién de los dos se le había ocurrido. Es como si se nos ocurriera a la vez. 

- Fue un momento extraño. Pero en verdad no estas siendo del todo honesta,... no importa. ¿Y lo del Muso?

- Bien, bien.. veamos... Lo del Muso... lo del Muso...

La frase se quedaba suspendida en el aire...

Lo del muso, ¿es sólo que sabe cosas por su experiencia?, puede ser, puede ser -pensaba Nelly-, no es más que experiencia, no tiene poderes mágicos. Pero no se trataba de eso. ¿Telepatía? Tampoco. ¿¿¿Magia??? Empezaba a perder la paciencia.

-¡No lo sé! -exclamó, mirando al niño mensajero -, ¡me rindo! ¡Se me esta olvidando sobre lo que quiero preguntar y al final no va a servirme de nada!

El pequeño cartero tampoco sabía cómo explicárselo. Y  Nelly esperaba que Memphis lo resolviera todo con alguna fórmula química. Algo así como Muso=C3h20 + (X - Y) = resultado predecible, cuantificable y lógico.

- Confórmate con un bello misterio...

- ¡No! -gruñó Nelly-, ¡tú lo sabes! ¡Y si tú lo sabes, yo también lo puedo saber! ¡A fin de cuentas la Alcaldesa soy yo! Tú no eres más que un personaje de cuento... 

El joven cartero se echó a reír.

- Ay, Nelly, Nelly... hay tantas cosas que sé que tú no sabes...

Y se marchó.

- Nunca escribas de un personaje que conociste en tus sueños -rezongó para sí la Alcaldesa. 

Nelly pasó la noche rebuscando en libros. Leyendo tratados de ciencia, psicología e historia. Repasó libros de literatura, de arte, de coaching, de música y de pintura. Finalmente dijo en voz alta, cercana ya la medianoche:

- Ya está, es la experiencia. El Muso tiene más experiencia que yo y por eso sabe tanto -y abriendo una ventana, miró al cielo y gritó a las estrellas- ¡no es más que eso!

Autorretrato de la Alcaldesa
(con el pelo morado)
Memphis dormía con la cabeza apoyada en la enciclopedia y una vela encendida a su lado.  La ciudad estaba silenciosa. Nelly se quedó mirando el cielo, contemplando toda la belleza del espacio abierto, y los misterios del universo insondable, cuando le pareció escuchar una risa que cabalgaba a lomos del viento. Entonces cerró la ventana y dándose la vuelta, dijo:

- De todos modos, no puede ser tan interesante.


Y se fue a dormir. 


FIN.


2 comentarios:

Miguel Ángel Sanz Burgueño dijo...

Muy buen relato.
Por lo que me ha parecido entender, para ti El Muso es la inteligencia natural que todo ser humano posee, esa inteligencia heredada genéticamente a través de millones de años de evolución. Nunca me lo había planteado así y creo que has dado en el clavo. Gracias por eso.
Ahora, citando a Oscar Wilde: "Experiencia es el nombre que muchos ponen a sus errores". Mirando a nuestro alrededor, se hace evidente que la experiencia no es algo determinante para nuestra evolución. "EL arte del aprender" (que no memorizar)parece tener mucha mayor trascendencia que la mera experiencia.

Nelly dijo...

jajajaja!!! ha sido casualidad pero tus palabras... son... muy poderosas. El Muso es alguien. Me refiero a que es una persona que conozco... pero en verdad, no sé si la conozco, porque la mayor parte del tiempo hace de espejo conmigo. Es una persona real. Muchos me preguntáis por él. Resultaría fácil distinguirlo si lo tuviéramos cerca los dos, porque lo adoro. En el buen sentido. Es una persona muy especial para mí, un guía, un maestro, confío mucho en él.
Lo que ocurre es que en la "ciudad de los cuentos" todo tiene otro aspecto y de lo que es él fuera a lo que es él dentro... pues.. nació un Muso. Palabra que por cierto, ni siquiera existe. Si se mete conmigo, yo pinto. Si me da una idea, escribo un relato. Si me plantea un desafío, yo aprendo (esto iría en cursiva). Es alguien muy, muy especial para mí. ^_^
Me ha hecho gracia que tú lo veas como la inteligencia natural que todo ser humano posee... me ha encantado.

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