Cuentos del niño mensajero: El Abismo.


Estaba Nelly de pie, pensativa, con los pies señalando el borde de un abismo insondable, en el que se arremolinaba agua oscura como el azul del cielo nocturno en las noches estivales.
Aquel abismo albergaba un remolino de corriente tempestuosa, que no se detenía, y parecía capaz de engullir a la galaxia entera..
Mientras lo comparaba con la Fosa de las Marianas y con la espiral de la Vía Láctea, el niño mensajero se le acercó.
- ¿Qué estas haciendo?
- Nada -respondió la Alcaldesa-, miro este abismo inabarcable. Nunca había estado en esta parte de la ciudad. Deberíamos llamarlo así: "Abismo inabarcable", o "Remolino Sempiterno"... ¡Qué curioso!, ¡Jamás había usado esa palabra! S-E-M-P-I-T-E-R-N-O... ¿no te resulta bonita?



Fuente, varias, destaca Wikipedia (CC)

- Ya veo. ¿Vas a saltar?
- Bueno... no estoy segura. El muso dice que puedo... si quiero. Pero de momento me entretengo sólo mirándolo.
- Surge y desaparece...  -le contestó el niño siguiendo el camino del agua -, ¿qué vas a hacer?
- No sé. ¡Tú primero!
Al cartero de la Ciudad de los Cuentos le entró la risa.
- ¿¿Yo?? De eso nada..
- ¿Por qué no?
- Porque yo soy el propio abismo...
- ¿¿¿Qué tú eres qué???
El niño miró a Nelly que a su vez le miraba sin entender nada. ¡Menuda tontería, mezclar un remolino y un mensajero! No tenía el más mínimo sentido. 
- ¿Tú has saltado ya?
- Veo que no lo comprendes -respondió el cartero.
Con un movimiento del pie lanzó una piedrecita al agua. Esta giró y giró y volvió a girar cada vez más deprisa hasta desaparecer por el vórtice. Visto y no visto, fue engullida en un santiamén. ¡Menuda corriente había!
- Pensándolo mejor -dijo Nelly-, no me apetece bañarme. Hace frío.
Se sentó al borde del precipicio.
- Tienes toda la razón.
- Además, ¿qué puede haber al otro lado? ¡Tiburones! ¡pirañas! Con semejante corriente el agua estará turbia. No podré ver nada. 
- Eso nunca se sabe... desde aquí, al menos. Tendrás que saltar para averiguarlo.
- Más vale malo conocido...
- Eso díselo a los astronautas.
La alcaldesa se puso en pie con los brazos en jarras.
- ¡¡Esta bien!! Supongamos que salto, ¿sabes el resultado? ¡me ahogaré! ¿No ves lo rápido que va la corriente?
- Quizás te han dado un método...
- ¿De navegación en remolinos?
Ahora fue Nelly la que se echó a reír. Pero el niño mensajero estaba muy serio. Cuando se le pasó el ataque de risa, ambos se quedaron callados. El remolino giraba y giraba. La verdad es que era hermoso verlo. Tenía mucha fuerza.
- Podías saltar tú y me lo cuentas.
- Ése es el problema, Nell, que yo no puedo...
De nuevo el silencio.
Mientras el remolino giraba y giraba.
Al cabo de medio centenar de vueltas, el cartero dijo:
- De todos modos, puede que no te pierdas nada. Puede que al otro lado exista una playa en la que el agua brilla... quizá haya dos o tres Universos inexplorados, puede que incluso nuevas formas de vida pero, ¡qué más da! Desde aquí se ve un remolino... y eso da mucho miedo. ¿Para qué molestarnos?
Al mirar de nuevo a la Alcaldesa, ésta se encontraba inclinada peligrosamente sobre el gran abismo, intentando escudriñar el otro lado sin perder la seguridad de la orilla que frecuentaba normalmente. 
- ¡Como lo que dices no sea cierto volveré para arrastrarte conmigo!
- Desde luego-repuso el cartero- no me cabe duda...
La alcaldesa dio unos pasos al frente y sonó, ¡¡CHOF!! De un salto se precipitó al agua. No se ahogó, naturalmente, aunque dio unas cuantas vueltas mientras alcanzaba el vórtice del remolino. 
No se sabe a ciencia cierta lo que descubrió al otro lado. Puede que pasara una temporada en playas de arenas brillantes o que visitara otro Universo. Es posible que viajara con el muso a China. O al menos eso le dijo al niño mensajero a su regreso, claro que no estaba segura de si fue verdad o solo lo había soñado...
De cualquier manera, tuvo unas vacaciones diferentes. Encontró seres misteriosos, descubrió horizontes nuevos, y charló con criaturas sobrenaturales. Pero todo eso, claro, es otra historia...

FIN.




3 comentarios:

David Hernando Arriscado dijo...

Uff por un momento pensé que no se tiraría, esa es Nelly!!

Miguel dijo...

¡Ay, el miedo a lo desconocido! ¿O más bien el rechazo a la incertidumbre? Porque respecto a lo que no se conoce, no puede sentirse nada. ¡Qué sería de nosotros si jamás saliésemos de nuestro círculo de confort!
Bello relato, enhorabuena.

Nelly dijo...

Muchas gracias, Miguel!!. Y jajajaj, muchas gracias, David! Pues me ha costado un poco escribirlo, lo veía demasiado arriesgado, jajajaja...

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