El Ciervo Blanco - Cuento de fantasía

Mucho se había oído de este animal mitológico y no eran pocos los libros que contenían entre su elenco de personajes tan bella criatura.
A la Alcaldesa de esta ciudad imaginada, sin embargo, jamás le había llamado la atención. ¿Un ciervo blanco? ¿Qué tenía de especial? Si fuera acaso, un león...
Una noche otoñal, cuando la luna llena brillaba en el cielo, por encima de las casas, salió a dar un paseo.
Sus pasos la llevaron hasta el bosque. Una basta extensión de árboles centenarios que comenzaba ya a perder sus hojas.
En medio de la foresta, cuando menos lo esperaba, Nelly descubrió un animal de lo más extraño.


Era tan majestuoso como sereno, tan imposible como hermoso, tan original como imponente. Un ciervo blanco. Ni más, ni menos.
No supo qué decirle a la criatura y sin embargo, al cruzarse sus miradas sintió que podía entender perfectamente el lenguaje de los humanos. Supo también que era una criatura de la noche, hecha para alejar las sombras con su presencia brillante y tranquila.
¿Cómo se saluda a un ciervo blanco?, pensó.
Empezó con una leve inclinación de cabeza, a la que el animal correspondió en silencio. Luego la alcaldesa se acercó lentamente, como si temiera asustarlo con cualquier movimiento brusco por su parte. Pero el rey del bosque seguía allí firme, sin moverse, y sin aparentar estar asustado. Una lluvia fina, convertida en aguanieve por las bajas temperaturas de la noche, comenzó a caer entre ellos.
- ¿Estas aquí para decirme algo, o soy yo la que sin querer se ha metido en tus dominios? -preguntó Nelly.
Por toda respuesta el venado comenzó a caminar hacia el Este con parsimonia, dejando tras de sí un rastro que pronto ocultaría la nieve.
La alcaldesa lo siguió, cruzando una senda secreta que conocían muy pocos seres. Fueron pasando los minutos en silencio y Nelly se entretuvo contando las estrellas que podían verse tras las ramas a medio desvestir de los árboles.
Y así llegaron hasta un claro con un monumento antiguo y tosco. Unas piedras levantadas de manera artificial, con extrañas inscripciones. 
A los pies de la primera había una flor dorada, a los pies de la segunda unas bayas rojas, y a los pies de la tercera una diminuta llave. 
"¡Tesoros!" pensó Nelly.
Así que los ciervos blancos existían después de todo, y traían regalos. Se metió las bayas en un bolsillo con ansia; la diminuta llave en el otro y se puso la flor en el pelo. Cuando alzó la vista descubrió que el ciervo había desaparecido. Y sintió un escalofrío de inquietud.
Volvió corriendo a casa y observó detenidamente sus tesoros. ¿Para qué servirían? Se colocó la flor en el pelo, y probó a hacerse peinados frente a la ventana oscura, cuando escuchó un silbido desde el otro lado.
- ¡Está usted preciosa, Alcaldesa! -dijo un vecino.
Nelly se puso roja.
- ¿¿De verás??
- ¡Oh, sí, veo que tiene un brillo que nace de dentro!
Ella se puso muy contenta. Y pensó que aquella flor servía para verse hermosa en todo momento. La guardó en un cajón y se dijo que la usaría en las ocasiones especiales. Si bien al final decidió usarla todos los días. La llevaría escondida para que sus vecinos no pensarán que siempre repetía aquel adorno en su atuendo.
Luego abrió un libro y se puso a leer a la luz de una vela, todos los Cuentos del Blog...



Y de repente pensó: "¿Para qué servirán la llave y las bayas rojas?"
Fue a su pequeña cocina y preparó una infusión con té de I Love Tea Company mezclado con al jugo de aquellas bayas. Al bebérsela de pronto se sintió muy feliz. Y entonces pensó, "esta infusión sirve para ver las cosas de otra manera". Porque de pronto se le habían olvidado todas las preocupaciones. "Debería tomarme una infusión de estas todos los días... o cada dos días, como una buena costumbre".

Aunque sin duda aquellos dos regalos eran estupendos, todavía quedaba uno más: una llave diminuta. ¿Qué podía abrir?
Nelly le dio vueltas y vueltas a la llave. La probó en la cerradura de todos los cajones y las puertas de la casa consistorial y pensó: "¿qué probabilidades hay de que la llave abra una puerta de esta casa?" El hecho de haberla encontrado en el bosque era una tremenda casualidad. Por tanto, las posibilidades de abrir algo del Ayuntamiento eran más bien remotas. Serviría quizá para otra cosa. Por más que pensó en ello no consiguió desvelar el misterio de la llave. 

A día de hoy, todavía la prueba en cuantas cajas con cerradura llegan hasta sus manos. Es un secreto, una ilusión, ver si la llave abre algo en especial. Pero la Alcaldesa aún no lo ha descubierto. Eso sí, al hecho de verse hermosa y tener una infusión mágica que borra las preocupaciones, se le suma el contar con unas ganas tremendas de descubrir si tiene la llave para algún misterio.

Con lo que, podemos concluir, que si alguna vez descubrís un ciervo blanco en el bosque, deberíais seguirlo... porque traen regalos y buena suerte a quienes los descubren. 

FIN. 

2 comentarios:

Rubén Yagüe dijo...

Me quedo con las ganas de saber para que sirve la llave diminuta, aunque por otra parte esa llave es una garantía de ilusión y esperanza para ella, asi que no sé :D

Nelly dijo...

Ji ji ji, me alegro mucho de que te guste, Rubén. Bienvenido!!!!!

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