Domingo.
Me encantan los domingos.
Siempre ha sido así, desde niña.
Son esos días tranquilos de la semana, en los que no esperas nada. El sábado todavía hay un poco de estrés por organizar los planes, que salgan bien, ver a la gente, descansar, hacer las tareas... pero el domingo amanece sin pretensiones. Llega así, como si nada. Pone fin y es un comienzo. Lo que suelo hacer los domingos es ordenar, recoger, limpiar, y cuando todo está perfectamente resuelto, tomarme un té o un café. Y mirar alrededor diciendo: "hay que ver lo bien que está todo".
Se puede escuchar música, se puede escribir con absoluta inspiración. (¿Existe acaso una inspiración a medias?).
Otra cosa maravillosa del domingo son los desayunos. Hace ya algún tiempo que empecé a quedar con amigos para desayunar. Así que, con el paso de los días, los encargados de la cafetería ya nos conocen. Y sonríen muchísimo.
Otras veces, muchas, pongo alguna conferencia de mis estudios (¿qué pongo aquí?) filosóficos orientales. Me da un poco de vergüenza porque la gente tiende a catalogarte por tus creencias. Ayer, una amiga, me llamó "creyente atípica". No tiene claro de qué religión soy. ¡Jajaja!
Leo.
Escribo. Fantaseo con las posibilidades de cambios de imagen, vestuario y nuevos estudios que quiero emprender.
Disfruto del espacio que tengo alrededor. Algunos lo llaman "acogedor". Otros "clásico". Yo sólo sé que cada cosa está donde debe de estar.
Y... también suelo descubrir nuevas canciones:
(...y practico algo de meditación)
SALUDOS!!!
FELIZ DOMINGO!!!!!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario