Diario de una aprendiz budista.

Tenemos un cura nuevo. Es de Cádiz. Se equivoca mucho, y lo dice. Es muy gracioso, realiza una oración solemne y entonces le da la risa y dice: "ay, perdón, que me he equivocado", con acento de sur, y la gente -yo por lo menos-, se ríe. 

Hoy la "explicación" de la lectura fue muy graciosa.

- Quiero, quiero, quiero -empieza el cura-, la lotería, el no se qué, un vestido nuevo, quiero quiero quiero... que esto me duela menos, que aquello sea de otro modo.

Como yo también estudio budismo pensé: "está hablando del deseo".

- Y quiero y quiero y quiero más. -siguió el párroco.

No os voy a contar la misa entera. Pero sí que hubo un momento importante:

- ¿Cuántos de vosotros al entrar en un comercio dais los buenos días?

(uy). Me acordé del muso, de un señor que viajaba en el metro y de un día que se me rompió un zapato. Ése señor me dio los buenos días. Pero yo me asusté. 

- Es en las cosas pequeñas en las que tenéis que practicar. 

Hombre, visto así...

El caso es que al salir de misa, iba mirando al suelo y pensando en ceder el paso y en otras cosas, cuando de repente escucho:

- Que tengas feliz domingo. 

Dije "igualmente" antes de pensar porque aquella voz llegó de la nada. Y al levantar la mirada me topé de frente con el nuevo párroco. "Ay va. ¿¿Sale a saludar a la gente??" Eso sí que es nuevo. A nuestro cura anterior ni se le oía. Todo era un "blablablabla" muy monótono, muy monocromático y muy ... denso. 

Yo ni me había dado cuenta de que estaba ahí y en realidad me había deslizado detrás del señor a cuya mujer cedí el paso (por aquello de la edad), así que realmente quedé fatal pues en vez de salir recto, había poco menos que huido por un lado de la puerta. Pero esa voz despierta a cualquiera, así que miré para él y me quedé blanca y él asintió con la cabeza. Como diciendo: "Te saludo a distancia pero no hace falta huir cuando sales de la parroquia". A lo que yo respondí: "sí, hombre, sí, que no tengo otra cosa que hacer que dedicarme a estrechar manos. Oiga, yo le escucho, pero de lejos".

¡jajaja! Me cae bien este párroco, es joven, comparativamente hablando, y no parece vivir fuera del mundo. Es como los profesores de universidad, algunos viven fuera del mundo (laboral). Están en su micro-cosmos de enseñanza. Con algunos curas pasa lo mismo.

Yo me acuerdo de un cura misionero que tuvimos una vez, en otra parroquia, y aquello más que misas eran pelís de aventuras: "¡¡Y allí estaba yo... rodeado por los nativos!!" gritaba. No sé a los demás, pero en mi caso las historias me enganchaban. 

Paralelamente a esto, ayer medité un buen rato y esta mañana al despertarme pasó algo muy curioso. Tuve una idea, un pensamiento. Se tienen muchos al cabo del día pero ... lo curioso fue la respuesta:

"... digas lo que digas no me vas a hundir..."

(¡!) ¿¿??

Esa es una respuesta mental a un pensamiento. Pero me quedé muy sorprendida. Era una corriente triste, era una idea falsa, era ... algo que me hacía daño. Y se dio contra un muro. Tal cual. Os lo prometo.

¿Y ese... muro? ¿?¿?¿?

¿Qué acaba de pasar? ¿Contra qué se había estrellado esa idea?

No lo sé. 

No sé contra qué se ha estrellado, ni porqué se convirtió en nada en un momento. Se evaporó. 

¿Y por qué os cuento esto? Porque me he sentado a meditar otro rato (cabe señalar de que soy de la creencia de que Dios me ha dado el budismo) jajaj! ya sé que es un poco raro de entender, pero es lo que creo. Y meditando he descubierto una calma cotidiana de lo más extraña y he vuelto a pensar en ese muro. ¿Qué es lo que ha parado un pensamiento que habría provocado tristeza de una forma tan eficaz? ¿Y qué relación tiene con meditar?


¡Esos son los enigmas!
jijiji.
Saludos!!!

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