En el que cambio de sitio al cerdito de la cocina.

Entrada escrita ayer por la noche:

Os voy a contar lo que me acaba de pasar... y os aseguro que es completamente cierto. 


He acabado de ver El ataque de los clones. La había dejado a medias y hacia años que no la veía. Me encanta Obi Wan, sobre todo cuando dice eso de "I don´t think so", que en español se ha traducido como "yo no lo creo", en el enfrentamiento con el conde Doku. 

La película acaba con la boda secreta de Anakin y Pádme.

"Qué bonito" pienso, "qué bonitoooooooo!!!!" completamente emocionada.

Y entonces aparece mi Yo Interior para hacer su aportación: 

((Sí, pero el Compañero ha dicho que eso es cine))

"Sí" respondo mentalmente, con toda la calma y la lógica del mundo, "pero el compañero se ha pasado la tarde con bromas escatológicas así que... ¿qué sabrá él?"

Echo un vistazo a la tele pero no hay nada que me apetezca ver, así que la apago. Son las doce menos cuarto de la noche. Bostezo. 

"Es que hasta la música era bonita..." pienso mientras me levanto. 

(¿por qué ha habrá hecho esas bromas?) me pregunta mi Yo Interior.

No lo sé pienso, porque es humano... y se mete contigo. 

*****

Esos asteriscos vienen a significar algo así como ¿tienes alguna pega con el maestro que se te ha puesto delante?

Mi respuesta es un pensamiento sereno de lógica irrefutable: 

Un maestro es... como Yoda, o como Obi Wan. Llevan traje o túnica, son aburridos y no se alteran nunca. Un maestro espiritual tiene barba blanca y es serio y hasta un poco soso, ¿entiendes? Así que no le hagas siempre caso... Si me preguntas si tengo pegas, ¡a ver! ¡No es precisamente ortodoxo!

(¿Te vas a dormir?)

Mentalmente, sigo tarareando la canción de la boda del final de la película. 

Sí.

((¿No vas a revisar primero la casa, por si hay algo?))

—¡Cht! suspiro algo molesta—,pues... vale. Qué tontería... ¿Qué va a haber? ¿Una araña?

Mi Yo Interior guarda silencio.

—Vale, mira... reviso, no hay nada —pienso mientras voy recorriendo la casa—. El salón: apago el ventilador... nada. Un cuarto... ¡nada! ¡En el otro tampoco! ¡Qué sorpresa! Nada aquí, nada allá... y ahora la cocina. Vacía, ¿ves? No hay nada, solo el cer...

¡PLAMPLUM!

—¡JOER! —doy un salto, se me escapa un taco y me llevo la mano al corazón.

El cerdo acaba de lanzarse al vacío.

Ha caído de golpe contra una superficie de metal, provocando un estruendo hueco, metálico y totalmente inesperado. 

Pero yo ya me estoy riendo.

¡JAJAJAJAJAAJAJ!

¡Jajajajajajaja!

Menudo bote he dado. ¡Jajajaja! Y el cerdito rosa con su  "no-cabeza" (es una ventosa) señalándome.

—¡Jajajaja! ¡Se acabo! riéndome—. ¡SE ACABÓ, HOY DUERMES EN LA MESITA DE BUDA!

😂🤣

Esto ya es el colmo.

Mi Yo Interior pregunta si pretendo imponerle un castigo. O que si considero que el acto de ponerlo en esa mesita, junto a Buda, cuenta como tal. 

-¡NO! ¡ES PARA QUE DEJES DE CAERTE! -contesto mentalmente.

Primero fue el cuadro de Van Gogh. De verdad, si lo hubieseis visto salir disparado hasta la mitad del salón, no os lo creeríais. Os lo prometo. De todas las caídas aleatorias de objetos voladores que puedan ocurrir, ver aquella obra salir proyectada de una estantería para acabar aterrizando en medio del salón es, probablemente, lo más inverosímil del mundo.

Y ahora es un cerdito volador. ¡Jajaja!

Vamos a ver... ¿quién le da permiso a los fantasmas para entrar en las casas?

¿Un ser interdimensional lanzando, jajajaja, objetos solo para fastidiarme?

Hum.

Buenas noches.




0 comentarios:

Publicar un comentario

 

 

 

Creative Commons License
contador de visitas para blogger por paises