Trabajando con la energía.


Ayer fui con un grupo de amigos y conocidos (y gente nueva), a ver el pre-estreno de una obra de teatro. Eso de que te inviten a un pre-estreno, donde ves a tres personajes super divertidos, desde primera fila, en una representación inédita y que el director salga a charlar contigo es genial. En serio, un privilegio.. Pero no quería hablar de la obra. Podéis ir a verla, se llama "Hombres desesperados" y el más divertido (aunque nos reímos mucho con los tres) es el que hacía de "menos inteligente". Ponía cada gesto... me encanta mirar a los actores que están en segundo plano cuando se desvía la atención del público hacia uno que da el discurso principal. Trato de encontrar una fisura en sus actuaciones pero sobre el escenario se mantienen (casi siempre) en su papel muy bien. No obstante, siempre consigues descubrir cositas, incluso de la relación de unos actores con otros. Salvo Emilio Gutierrez Cava.. que ahí, ni estando situado delante de otros actores, ni estando detrás, ni estando yo sentada en primera fila, escudriñándole... consigues verle a él. ¡¡Será posible!! Es que se funde con el personaje. 

Pero bueno, la obra es otra historia.

Una de las personas que vino tenía ese brillo raro, como digo yo, especial, que he visto a poca gente. Y vamos a empezar a cambiar "brillo" (que es lo que más le repito al Muso: brillas, brillas, brillas...) por energía. Y antes de que os de la risa os explico. Al percibir lo que sea que percibí en esta amiga pensé: "es casualidad". "¿Ves?", me dije, "Es casualidad, hay gente que tiene "esa cosa" y no tiene nada que ver con la meditación...."

"Esa cosa" (que creo que es cierta energía) la he visto 3 veces más. Una, a una mujer de unos cuarenta años que trabaja precisamente en un lugar de meditación. La segunda vez, a un joven de  una tienda de artículos tibetanos que esta sobre el lugar de meditación,  y que también medita y luego a esta persona, pero mucho más sutil.

Diréis: ¿Y al Muso? Bueno, pues es que su caso es diferente. Con el Muso es que he llegado a pasar épocas en las que ni sabía de qué color tenía los ojos. ja ja ja ja!!! (me da la risa). Una amiga mía me dijo: según te ves tú más segura o menos segura, le ves a él más alto o más bajo. Y eso es verdad, también pasé una época en la que pensé: "no es posible, este hombre cambia de altura según el día de la semana..."  Os prometo que no hay forma de verle dos días seguidos igual. Lógicamente no cambia de "entidad externa", vamos a llamarlo así, pero hay tal cantidad de cambios sutiles que no hay forma de conseguir una imagen fija, archivable, etiquetable y clasificable de él. Cosa que, como os podéis imaginar, me trae de cabeza... Lo del cambio del color de ojos ya es para hacérselo mirar... ¿eran grises? ¿Por qué hoy se ven grises si ayer eran azul claro? ¡¡¡me voy a volver loca!!! ¿es que no puede estarse quieto y dejar de moverse para que lo archive en alguna carpeta, le ponga una etiqueta y pase a obsesionarme por algún nuevo misterio?

Últimamente creo que hasta tiene gravedad propia. En serio, debe haber frecuencias que atraen a unos seres humanos hacia otros. Es una teoría extraña,... dado que yo creo más bien en el azar. El azar te trae a los amigos, el azar te trae el trabajo... donde naces... lo que sea.

El motivo de esta entrada es que en un momento dado esta joven amiga dijo: "hoy hice una meditación..." Y ahí echó por tierra mi teoría de la casualidad. Así que la joven medita. Y pensé que no podía ser tanta casualidad. No puedes mirar a una persona, pensar ella también lo tiene (como algunas personas relacionadas con la meditación que conozco) y que cinco horas después descubras que hace meditación. Una cosa es la casualidad y otra ver caer la manzana del árbol y decir: cae hacia abajo por casualidad. Tenía que haber algo más.

Mientras otra amiga de mis amigos me miraba con curiosidad, diciendo que yo era una persona interesante (es psicóloga) y que le encantaría trabajar conmigo (quedamos en que cuando tenga un buen best seller la llamaba... jajajajaj), les conté una anécdota que para mí ha dado lugar a una nueva creencia: la energía de las personas. O mejor dicho: la energía de los seres.

Veréis, a mí me gusta creer en la ciencia. Por eso si alguien viene y me habla de chakras, reiki... ufff, todas esas cosas...  de energía... yo necesito algún hecho científico comprobado. No obstante, tampoco penséis que la ciencia tiene todas las respuesta porque en cuanto te pones a leer un libro te encuentras con cosas como: "esto no lo sabemos" "esto tampoco lo sabemos", "de esto no tenemos ni idea"... es alucinante. Saben que la manzana cae del árbol pero no tienen ni idea del porqué. 

Con estas cosas hay que ir con cuidado. Con muchísimo cuidado. Pero también es constatable que la energía existe. Al margen de la experiencia de mi propia percepción (dice la ciencia que los sentidos humanos son poco fiables), vamos a ver otro caso, muy cercano, que señala la existencia de energía perceptible entre los seres. Hace casi un año, una joven de mi escalera trajo un perro de presa como animal de compañía.

Este perro de presa, para ser más exactos: clic

Pero de color blanco y rojizo. Cuando este perro y yo nos vimos por primera vez, era un cachorro. Ya tenía un nivel de energía bastante más alto que el de su dueña pero a pesar de lo salvaje que iba, como era un cachorro y yo soy muy dada a presentarme a nuestros amigos animales, me presenté. No siempre me presento acariciándolo, claro, muchas veces basta con cruzarte con un animal, tú lo miras, él te mira y os presentáis. Hasta aquí, perfecto.

Me cruzaba al perro de vez en cuando y no había problema... Meses más tarde, me crucé con la vecina y el perro en la escalera. Y el perro... ya no era un cachorro. Fui a acariciarlo como otras veces sólo que, de la inseguridad de la dueña y de la potencia del animal me vino a la memoria una situación con un perro parecido y titubeé. Es decir, me dio mala espina y me quedé a medias en el gesto. Mi lenguaje corporal también cambió, yo lo noté... pero es que el animal...se volvió loco.

Creédme, no hubo grandes cambios externos, sólo una especie de ... coso, jajajajaj o llamarlo como queráis. Yo fui muy consciente del cambio en mi interior y de un modo automático, el animal se puso frenético. Y ya... cambio absolutamente todo. A los dos días, el perro se le escapó a la vecina y vino directamente hacia mi (que estaba cerrando la puerta de casa). Madre mía, le grité a la vecina que se llevara a aquel maldito bicho (yo, que no suelo gritar)... ufff! Tremendo. ¡Qué fijación! Mira que había puertas pero el puñetero recorrió dos pisos solo para venir a sacarme de quicio ....

Y desde entonces hasta ahora, no ha parado. El perro en cuanto me siente (incluso cerrando la puerta) se pone frenético. En general, está frenético todo el tiempo (los vecinos se quejan), pero yo no tenía problemas con él hasta que ... un día los tuve y ya ... a veces nos cruzamos por la calle y nos miramos de una manera... él con la cabeza gacha, tras las piernas de su dueña y yo no sé... la verdad, lo que debe pensar al verme...

Sin embargo enfrente vive otro perro, un pastor, y nos saludamos cortésmente cada vez que nos vemos. Pertenece a un matrimonio, está mil veces más equilibrado, es de color gris, como la superficie de la luna (es un perro lunar, palabra), alto, elegante, cariñoso, noble. En fin, no entiendo como con uno puedo "hablar" tranquilamente y el otro y yo tenemos un conflicto.

Pero estoy segura de que tiene que ver con la energía.
Y ayer igual, comprando mi día a día con la risa del teatro o el esparcimiento posterior... unas situaciones y otras... de pronto me resulta muy claro percibir la energía de determinados ambientes. Y me sorprende. Me pregunto si será cuantificable, medible y clasificable... podríamos vender "frascos" de energía. Qué estás triste... energía alegre, que estás cabizbajo, energía entusiasta...

Y sobre todo, la pregunta es: ¿se puede trabajar con ella? ¿podemos transformar nuestra propia energía? y ¿cómo?

No sé, ¿vosotros qué pensáis?

fuente: http://tarothermes.blogspot.com.es/2015/05/que-es-el-reiki-para-que-sirve-en-que.html

3 comentarios:

David Hernando Arriscado dijo...

Me tienes enganchadito con tus post nelly. Este es genial. En lo que comentas al principio de que si nos atraemos y demás, yo pienso en la ley de la atracción. Nos atraemos ciertas energías. Creo en los vampiros energéticos y no los quiero cerca, me quedo con los positivos. Lo de los frascos es buena idea Jaja. Pero su tienes energía baja puedes probar en vez de un "frasco", una quedada con una amiga que te pueda dar esa energía que te falta en esos momentos, y cambia tachan!! Cuando preguntas si se puede cambiar la energía, yo opino que si. Una persona con depresión tiene la energía muy baja y negativa, pero con ayuda sin embargo la puede cambiar. Ese es un extremo, pero creo que sirve como ejemplo. Si hay un psicólogo en la sala que hable, que encantados leeremos jeje.
Saludos Nelly!!

Anónimo dijo...

No soy psicólogo, pero creo que puedo dar luz a una perspectiva diferente.
Imaginémonos al ser humano como un emisor y un receptor al mismo tiempo (lo que es). Cuando un individuo A dice que otro individuo B irradia energía negativa, está hablando el individuo A como receptor subjetivo, ya que la energía no es ni negativa ni positiva en sí misma, dichos apelativos son puestos por el pensamiento del sujeto. De esta forma, es posible que, si intervine un tercer individuo C, éste perciba la energía del individuo A como positiva. Entonces, ¿qué receptor tiene la razón? ¿El B o el C? Ninguno de los dos y los dos al mismo tiempo. Los dos reciben lo mismo, pero lo interpretan de forma distinta, ya que cuentan con realidades diferentes.
Lo que trato de decir, al fin y al cabo, es que, por favor, no le echemos la culpa al otro. Es un error del que se abusa tanto... Tanto lo que llamamos positivo como negativo forma parte de cada uno,no es algo que exista fuera del receptor, forma parte de él. Si se eliminan términos como positivo y negativo, o bueno y malo, solo queda lo que ves en el otro: alegría tristeza, ira, frustración, dolor... No cerremos la puerta a una parte porque no nos agrade, no cerremos la puerta a la totalidad de la vida.
Otra cosa es que no nos sintamos con fuerzas en un momento dado para mediar con una actitud concreta de una persona determinada. Ése es otro tema. Alguien te viene con un cabreo de narices, ¿qué haces? ¿Verte contagiado por la ira y enfadarte también? O puedes percibir su ira como tal y tratar de apaciguarlo. En el primer caso te compadeces de tí mismo, en el segundo, del otro.
Espero haber ayudado.

Nelly dijo...

Por supuesto que ayudas. Todos los que aportáis con perspectivas tan valiosas ayudáis a muchos. Lo reeleré despacio.

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