El refugio - Cuentos del niño mensajero.


- Necesito que me ayudes -dijo Nelly a su cartero favorito.

Eran las seis de la tarde y hacía un día precioso. Pero la alcaldesa estaba escondida bajo una manta, confortable, con muchos libros a su alrededor. Al principio sólo hubo silencio, pero al cabo de un rato en mitad de la oscuridad vio los ojos redondos y francos que aquel joven niño, el mensajero.

Aunque no le habló.

- Anda, sal a la luz ... - pidió Nelly-, necesito consejo.

Pero él se quedó en mitad de la penumbra.

- ¿Para qué me mandas las cosas que me mandas sino va a enseñarme? -preguntó Nelly.

Era tal la lista de casualidades, eventos extraños y misterios los que ocurrían alrededor, que la Alcaldesa ya no estaba segura de nada. El último era enfadarse con el Muso y que acto seguido por pura casualidad le tocara ir a trabajar a su mismo espacio. 

- El artículo de Davidel,... -dijo Nelly, refiriéndose a un mensaje que un amigo y lector le había enviado por la mañana-, que dice que esté atenta a estas cosas y que estas cosas pasan por algo. Y yo le pregunto si todo es mentira al que me enseña, y no contesta. Estoy hecha un lío. ¡Ese artículo habla de lo que yo hablaba al Muso! ¿Cómo puede un científico afirmar lo mismo que yo? ¡Es como esa verdad flotara en el aire! ¡Y nadie la explica!

- ¿Qué quieres saber?

Entonces fue Nelly la que se quedó callada. 

- Nada, supongo...

- ¿Qué te molesta?

- La incertidumbre.

La Alcaldesa empezó a toser. Se tapó aún más con la manta. El niño se le acercó y sonrió. 

- ¿Te molesta adivinar bolas de colores? -preguntó.

Nelly frunció el entrecejo.

- Me molesta que supieras cuándo iba a publicar mi primera novela.

- Lo sabías tú.

Nelly suspiró.

- Nada tiene sentido -dijo.

Tras una larga pausa, añadió:

- Si sigo por ese camino, me voy a volver loca...

- ¿A qué te refieres?

- A creer en cosas que no son posibles.

El cartero sacó de su bolsa bandolera un gran libro titulado "De Creencias", lo abrió y señaló diferentes páginas: "estos creen en Draconianos", "estos creen en espíritus del bosque", "estos creen en extraterrestres ocultos entre los seres humanos", "estos creen en espíritus malignos"...

Miro a Nelly como diciendo: "son muchas las creencias del Hombre y la gente camina y desayuna sin volverse loca".

La alcaldesa miró al techo de la habitación.

 - ¡No lo entiendes! ¡No tengo problemas con los draconianos y las locuras! ¡Tengo problemas con las cosas que son "de verdad"!

Al cartero le dio la risa. 

- ¿Estas enfadada con la existencia?

- ¡Agh! -Nelly le dio un puntapie a una torre de libros, y se alejó.

La figura del niño, en la oscuridad, daba miedo. Aquellos ojos redondos parecían no necesitar ni un leve parpadeo. Observaban a la alcaldesa de un modo casi despiadado. 

A ella... y a su confusión.

- Sabes que hay muchos caminos.

- ¡Si! Gracias, ... también Stephen King lo sabe. ¡Pfff! ¡Vete a sugerirle a él historias de miedo!

- No te pongas borde.

Nelly se sentó en el suelo. Se cruzó de brazos. Se enfadó.

- ¿Te hacen un regalo y te enfadas?

El estresarse tanto por la mañana y terminar trabajando junto a él en la oficina era algo extraño. Le echó la culpa al cartero pero él le dijo que no había tenido nada que ver. Era algo más grande.

- Tengo miedo -dijo al fin la alcaldesa.

El niño se acercó a ella. 

- Me da miedo desaparecer -confesó-. Lo que viene siendo muy absurdo. 

- No tanto.

El que se esfumó en ese momento fue el niño mensajero. Su voz, al igual que la sonrisa del Gato de Alicia en el País de las Maravillas, se quedó flotando en el aire en mitad de la oscuridad. 

Nelly juntó entonces algunos libros a su alrededor, pintauñas, reglas de medir, gafas, cojines, un florero, unos zapatos, un cuaderno de proyectos, una libreta de cuentas bancarias, un diccionario ortográfico, otro de términos científicos. Junto todo eso a su alrededor (unos cuantos despertadores), varias fotos del pasado y un par de agendas y con todo eso montó un refugio.

- Todo está donde debe -dijo-. Sin magia, sin cosas raras. ¡Ya tengo mi refugio!

Y así, bien entrada la noche, rodeada por objetos sensatos y cotidianos, se durmió.
No aprendió más y fue una chica normal y corriente el resto de su vida.

JAJAJAJ!
Tenía que ponerlo jajajaj!
FIN. 


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