Diario de una aprendiz budista




Nelly llegó a casa temprano, dejó las llaves, se quitó las botas y observó sus pies. A través de un agujero de sus medias oscuras asomaba el dedo gordo del pie izquierdo.
"Fantástico" pensó.
Eran unas medias nuevas. Y ya quería tirarlas. 
Se las quitó, fue en busca de un zapato más cómodo y después se preparó su comida favorita para engullirla sin degustarla apenas. Se acordó del Muso. "Si él me viera, ... nos reiríamos ambos. Pero soy humana y los seres humanos comen cuando se disgustan".
Una vez saciada, se obligó a prestar atención a su serie favorita pero al cabo de pocos minutos apagó el televisor y se escondió bajo una manta. 
"Debería meditar" pensó. 
Sin esperar a planificar nada, se sentó junto al pequeño Buda que desde hacía siete años presidía una pequeña mesa con flores. 
Cerró los ojos.
Y llegó un mensaje de texto.

"No puede ser. Llevo esperando el mensaje dos horas y no llega. Y justo cuando decido meditar, y me digo que da igual y lo dejo correr... ¡No puede ser!".

Respiró hondo mientras el sonido alertaba de un segundo mensaje.

"No puede ser el mensaje que espero... "

"Lo es", le advirtió su mente.

Nelly no se movió.

A lo que su mente replicó divertida: ¿ no vas a leerlo ?

A lo que Nelly se respondió mentalmente: "No. Meditar es más importante".

No sabría explicar con palabras el eco extraño que sintió en su interior. Pero fuera lo que fuera esa corriente de pensamiento, se alejó quizá satisfecha con la respuesta. Y sorprendida. 
Era la primera vez que meditar relegaba otra actividad. Meditar podía discurrir en un tiempo planificado, pero nunca -salvo cuando visitaba un templo que había abandonado- era una actividad más importante que contestar al teléfono. O atender a otra persona.

Al poco rato se levantó para leer los mensajes.
Y eran los que había estado esperando.

Nelly sonrió mirando la pantalla de su móvil. "Qué bien. Todo solucionado. Una vez más cuando decido meditar...". Pensando que sin duda le habría venido bien, se tumbó en la cama, y tecleó en el teléfono: "Percepción de un Buda" y le dio a la tecla intro, en un buscador. ¿Cómo perciben las cosas los budas? Casi sin darse cuenta, terminó en una página que le contaba un cuento de un Samurai.

"Qué bonito".

Afuera, llovía. 
Nelly se tapó con la manta, se hizo un ovillo y cerró los ojos.
El ruido suave de la calefacción la reconfortaba. Se olvidó de los pensamientos que alteraban su ánimo al llegar a casa y al poco tiempo se sintió descansada y feliz. Pensó en su Ciudad Imaginada. A veces se quedaba dormida pensando en ella. Imaginó que le exponía a alguien las cosas en las que creía y de repente...

- ¿Qué haces?

En su Ciudad Imaginada, Nelly miró a la derecha y descubrió al joven cartero. 

- Expongo mis teorías -contestó. 

- ¿A quién? -le preguntó el personaje.

Fue en ese momento en el que se dio cuenta de que realmente no tenía ni idea de a qué personaje le estaba contando sus creencias espirituales. ¿Al personaje científico? ¡No! ¿A algún amigo de la vida real? Tampoco...

- A un...¿Juez? -preguntó Nelly mientras trataba de dilucidar qué edificio había elegido su imaginación para albergar aquella escena.

Al ser una construcción de paredes altas y techo abovedado... bien podía tratarse de algo oficial.

- ¿Y qué buscas? -insistió el mensajero.

- Pues... -respondió Nelly mirando a un estrado muy alto que acababa de aparecer delante de ella-. Una... etiqueta, supongo. ¡Porque ir a misa y estudiar budismo es un tanto confuso!

El niño se sentó en una mesa, cruzó las piernas y ladeó la cabeza, mientras comentaba:

- Ese juez ya te ha dado problemas antes.

Nelly se sorprendió con aquella respuesta. Especialmente porque sentía que era cierta, aunque no tenía mucho sentido. 

- ¿Y qué quieres que haga? -preguntó al cartero.

El estrado seguía vacío. El niño se sentó y no dijo una palabra más. Cerró los ojos, como si meditara, cruzó las piernas y se quedó en calma. Entonces Nelly se sentó también, se quedó en silencio y miró al niño... y aquel acto de observar convirtió en innecesario todo lo demás. Incluida la búsqueda de etiquetas. En cierto modo, era hasta gracioso.

El ruido de la lluvia le recordó a Nelly donde estaba. Abrió los ojos en una habitación oscura y tranquila: la suya. Trató de no pensar en el significado de aquella breve fantasía y se incorporó, descansada y animada.

FIN
(DE HOY...)

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