Un sueño con rubís...

He tenido un sueño muy raro hoy.

Resulta que estaba en un jardín de piedras. 

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Era... un lugar muy extraño, con el cielo amarillo. Y piedras como rubíes.... pero de esos que están dentro de otras piedras y se venden en la Tierra... a ver, qué nombre tienen, un segundo...

¡¡Geodas!!

Geodas de rubí. Muy brillantes. Bueno, en realidad, es que parecían rubíes y les daba el sol y era un campo precioso.

-¡Qué belleza! -dije.

-¿Te gustan?

Giré la cabeza y allí había un chico. 😶 Super majo y super guapo. 

-¡Hombre, sí! -contesté-, son preciosas... ¿la gente sabe que esto está aquí?

-Sí, pero no vienen mucho.

-¡Caray...! pues es una preciosidad -agarré una-, caramba... ¿puedo llevármela?

-Claro.

Paseé por ese campo y empezó a iluminarse con la luz... ¿del sol? No sé, sentía que estaba todo bajo techo porque el techo era ¿amarillo y bajo? Pero si salió la luz del Sol... cómo se explica???

El caso es que todo el campo empezó a brillar de una manera increíble.

-¡Caramba! ¡¡¡Madre mía, qué chulo!!!

Y agarré unas cuantas piedrecitas.

-Podrías hacer un jardín.

Miré al chico.

-Pero... ¿me las puedo llevar de verdad? -veréis, en mi mano se volvieron más oscuras. ¿Sabéis esas piedras que si no les da el sol parecen piedras normales pero si les da entonces ves que son una pasada?

-Si te compras una pecera... podrías hacer un jardín. Llévatelas, no pasa nada.

-No sé, si todo el mundo se lleva piedras... -contesté-, nos quedamos sin piedras.

El chico sonrió.

-No te preocupes por eso.

A ver... yo he estado en un Coliseo en Túnez. Y estaba prohibido llevarse piedras... porque si dos millones de turistas anuales nos llevamos piedras... se acaba el coliseo.

Sujeté las piedras en la mano, me giré y de repente el campo era negro. Todas las piedras se habían recogido y tenían otra forma.

🫤

Este... este campo cambia... ¿o me lo parece a mí? Ahora tiene menos piedras... ¿no?

-Ahora... ahora no tiene -señalé-, casi parece una pared de ladrillos... Espera, son las mismas piedras....

Salió el sol y todo de rubí.

¿Son flore-piedras? ¿Con la luz florecen o qué? 

-De noche cambian -me dijo el chico- se recogen y su aspecto es diferente. Con la luz se vuelven a abrir y las ves brillar. Así es como funciona.

¿?

¿En serio?

Miré a mi alrededor.

-¿Pero la gente sabe que esto está aquí? -pregunté otra vez, incrédula.

-Sí, está abierto al público -me contestó con tranquilidad-, puede entrar el que quiera entrar. Te sorprendería que la gente no viene mucho.

-¿Y no lo destrozan? -pregunté.

-No.

Qué raro. Tanta belleza, ahí, al alcance de todos... llevándose piedras gratis... ¿y seguíamos teniendo un gran jardín de rubíes?

-Una Empresa casi lo destroza una vez -dijo el chico-, porque solo pensaban en el dinero.

Ladeé la cabeza.

-¿Ah, sí?

-Sí.

Qué cosas.

-Pero ya pasó... Y aquí sigue el jardín. Y que la gente se las lleve no le hace daño al jardín.

-Pues mira que eso es raro....

-Pues así es como es -contestó-. Llévatelas.... Mételas en una pecera... haz tu propio jardín.

Las tenía en la mano. Y tenía también la pecera. Redonda y sin agua dentro.

Me desperté.

A ver, no pienso hacer un jardín de piedras.

En serio, si mi subconsciente quiere que haga una pecera con piedras que brillan, ya te digo yo que no. 

Lo que necesito es ser millonaria y retirarme a una casa con un Lago brillante delante.

Eso sí sería un buen sueño.

¡Saludos!



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